viernes 22 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

El paro de ayer

El país vivió una jornada de protesta social que no debe despreciarse, ni subvalorarse... solo oyendo su eco y construyendo un diálogo social, se lograrán transformaciones e impedir que nos volvamos a hundir en extremos políticos.
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Luego de varias semanas en que el tema central en la prensa, en las redes sociales, en el Gobierno, en la calle, fue el paro programado por diversas organizaciones, sobre el que hubo prevención en varios sectores de la vida nacional, llegó el día. Aunque la jornada en su mayoría transcurrió en calma en todo el país, al caer la noche hubo fuertes disturbios en la Plaza de Bolívar de Bogotá y en Cali, donde fue decretado el toque de queda. Estas acciones deben ser enérgicamente censuradas, pues manchan la protesta.

Pero la constante en todo el país fue que un muy alto número de colombianos salió a las calles para manifestar civilizadamente su desacuerdo con diversas situaciones sociales y económicas que vive la nación. Si el hecho social se mira con sensatez, puede servir para trazar una hoja de ruta que enderece el rumbo del país y se atiendan aspectos fundamentales de nuestra nación.

Rechazamos enfáticamente la violencia y los desórdenes, pues llevan a la sociedad al abismo a través de sus heraldos: el vandalismo, el daño al mobiliario urbano y bienes públicos y a la propiedad privada.

Capítulo aparte exige la jornada que vivió Bucaramanga. Salvo algunos hechos aislados de violencia que ocurrieron en la noche en zonas como el Centro de la ciudad, la capital santandereana fue ejemplo de buen comportamiento y de forma masiva la gente salió a manifestar su descontento en la marcha.

Aparte de ello, el país vivió una jornada de protesta social que no debe despreciarse, ni subvalorarse, ya que lleva mucho de la voz de los nuevos tiempos y solo oyendo su eco y construyendo un diálogo social, se lograrán transformaciones e impedir que nos volvamos a hundir en extremos políticos y caminos sin retorno.

Hace tres semanas Colombia se pronunció cívica y edificantemente por un cambio en diversos estadios de la vida nacional y obtuvo triunfos significativos que no han sido desconocidos, ni estigmatizados. A esa ciudadanía que se expresó en las elecciones del pasado 27 de octubre, hay que responderle emprendiendo el cambio, dialogando con quienes manifestaron ayer su malestar en las calles, sabiendo que la gente quiere educación, empleo, seguridad ciudadana, atención en salud, una vejez digna, desterrar la corrupción y otras respetables conquistas sociales.

Las organizaciones que convocaron el paro, quienes en las calles se manifestaron, quienes no salieron, quienes se opusieron al paro, todos, quieren un país mejor y son necesarios para que lo logremos. Con todos hay que sentar las bases para un gran acuerdo social.

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