sábado 26 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

El problema carcelario

Poca trascendencia se le ha dado a través de los medios de comunicación a la noticia del grave problema carcelario que vive el país. Pero no por ponerle sordina al asunto pierde dimensión la crisis que atraviesa Colombia en materia de prisiones.

La primera causa de ello es que la nación lleva ya más de siete años tratando como de segunda categoría los problemas que antes manejaba con responsabilidad el Ministerio de Justicia. Hoy, todo lo que pertenecía a esta cartera es adjetivo como consecuencia de su desaparición y los problemas crecen cual tumores cancerosos.

La segunda causa tiene que ver con la implantación del sistema oral acusatorio en materia de procesos penales, pues uno de los pilares de tal política criminal es el garantismo, es decir, que lleva en sus entrañas la filosofía de que quienes son sindicados de haber incurrido en una conducta punitiva, deben permanecer fuera de las cárceles hasta tanto no haya una sentencia condenatoria en su contra.

Esto, que en teoría se consideró iba a aliviar las cárceles de internos, chocó con la cultura colombiana y comenzó la comunidad a exigir que se impusiera detención preventiva a quienes eran sumariados y el Congreso, cada día y por diversa vía, comenzó a legislar en contravía del citado garantismo, lo que llevó a las cárceles a atiborrarse de personas que están señaladas de haber cometido un delito pero que no han sido condenados a pena privativa de la libertad alguna aún.

Una tercera causa es el que la administración Uribe Vélez no ha construido cárceles en la medida que las circunstancias lo piden. La administración Pastrana Arango adelantó una política interesante en materia de edificación de prisiones, pero en este gobierno ello quedó parado y la sobrepoblación carcelaria es hoy alarmante en Colombia.

Además, por diversas causas ha aumentado el número de personas acusadas de la comisión de delitos y ello llevó a que hiciera erupción nuevamente una crisis en materia de prisiones, tema que a principios del siglo XXI se consideró superada.

Lo grave no es solamente que haya crisis en tal materia en el país, lo crítico es que el Gobierno no tiene muy definida una política carcelaria y eso ahonda el dolor de cabeza.

Así, este es otro problema que el país debe resolver en forma urgente y el Ministro del Interior no ha mostrado ante la opinión pública interés alguno de ponerle el pecho al asunto, razón por la cual todo llama a expresar que en 2010 est tema llegará a punto tal que las alarmas pasarán de amarillo a rojo, con todas sus consecuencias.

Es, en resumen, una tristeza que el país haya abandonado lo que se estaba haciendo en tal materia y estemos nuevamente atravesando un duro momento de sobrepoblación en las cárceles.

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