sábado 27 de junio de 2020 - 12:00 AM

El regreso de los migrantes

no puede ser el país indiferente a ese deseo unilateral de los venezolanos de querer retornar a su propia tierra para estar cerca de sus seres queridos, en medio de las penosas dificultades.
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Por estos días estamos viendo escenas conmovedoras en los alrededores del parque del Agua, donde cientos de venezolanos que habían ingresado al territorio se encuentran apostados a la salida de Bucaramanga, en la vía que conduce a Cúcuta. En cambuches y bajo lonas, decenas de familias, junto a decenas de niños, se encuentran viviendo en condiciones de miseria, y sin tener a donde más ir, convirtieron esta parte de la ciudad en su vivienda, en las más precarias condiciones. Cada día crece el número de venezolanos en esta zona de la ciudad, que viven en condiciones de miseria, en lo que sin duda es una bomba social en la ciudad, que estallará en cualquier comento. Estos migrantes quieren volver a su país, pero no cuentan con los recursos que implica pagar el transporte y la alimentación hasta la frontera, y el gobierno de Nicolás Maduro ha puesto trabas al regreso a su patria.

Ante este cuadro dramático de pandemia que vive Colombia, lo mejor sería que las autoridades financien ese retorno, pues la verdad es que esas familias desamparadas, sin ninguna clase de recursos, expuestas en las calles a la miseria y al contagio y a una posible expansión del virus, pueden agravar el problema social y de salud pública que estamos padeciendo.

Son las realidades desde todo punto de vista lamentables, derivadas de la paupérrima situación que vive nuestro vecino, en donde los extremos casos de escasez, desabastecimiento y desamparo de la salud han provocado que millones de personas se vean en la obligación de abandonar su propia tierra en busca de una oportunidad que les permita por lo menos subsistir, dentro de sus necesidades alimentarias y morbilidades.

Las autoridades no pueden ser ajenas a este problema y deben inmiscuirse en él para tratar de brindarle una solución adecuada y oportuna. No hacerlo, es permitir que las consecuencias derivadas del mismo, las tengamos que padecer aquí por parte de muchas comunidades, pues ese cuadro trasciende y termina afectando a todo el entorno social.

Las declaraciones de Felipe Muñoz, asesor para la migración con Venezuela, dejan mucho qué desear, frente al manejo adecuado que debe merecer este asunto. “El Gobierno tampoco tiene una partida para esto. Lo que estamos haciendo es buscar otros mecanismos. Lo que hay que tener en cuenta es que muchos de estos migrantes, como lo han hecho en otras ciudades, tendrían que pagar sus pasajes”. Como quien dice, estamos en nada frente a un problema que crece e impacta dramáticamente.

Nuestro país ha sido benévolo con los migrantes y ha tratado de brindarles oportunidades no solo en materia de salud, sino en ofertas de trabajo y en formas diversas para su hospedaje y alimentación; pero ante las circunstancias, cuando las camas de los hospitales están copadas, cuando nuestros índices de empleo se han ido por el suelo y cuando una pandemia nos azota de manera inclemente, no puede ser el país indiferente a ese deseo unilateral de los venezolanos de querer retornar a su propia tierra para estar cerca de sus seres queridos, en medio de las penosas dificultades.

No podemos seguir siendo indiferentes a lo que está sucediendo con los migrantes en nuestra ciudad.

editorial
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