sábado 07 de febrero de 2009 - 10:00 AM

El reino de la intolerancia

Como en varias oportunidades lo hemos expresado en este espacio  editorial, a lo largo de los últimos años la actitud de los colombianos en materia política se ha ido radicalizando en forma aguda, llevando de la mano a la intolerancia.

Eso no es nuevo en nuestro comportamiento cultural e histórico. En el pasado, esa actitud llenó el camino del país de obstáculos, espinas y abismos.

La intolerancia ha borbotado a lo largo de esta semana, a raíz de la  liberación de seis de los secuestrados que desde hace años estaban en poder de las Farc. A Piedad Córdoba la agredieron verbalmente en un avión comercial; analistas de los hechos nacionales en la radio han emitido diagnósticos superficiales, atrevidos y sectarios sobre varios episodios de la vida nacional; miles de correos electrónicos enviados a medios de comunicación y periodistas, expelen pasión por todos los costados. Cada cual desea que las ideas de su contradictor se asfixien y no tengan espacio en el país.

Ni siquiera el Presidente ha escapado a la fiebre del momento y ello saltó a flor de piel cuando el martes en la noche se refirió al papel de los periodistas en nuestro medio.

Corregir esta peligrosa polarización de los ánimos es urgente. Algo semejante, en otro momento histórico, vivió Colombia a finales del siglo XIX y en la década de los años 40 del Siglo XX y en ambas oportunidades  el resultado fue el diluvio de violencia sectaria que inundó campos y pueblos de Colombia en la guerra de los Mil Días y después del 9 de abril de 1948. De tales hecatombes sociales y políticas no hemos logrado aún  salir.

Todo momento histórico en el que campean el sectarismo y las pasiones, cuando las posiciones radicales excluyentes están a la orden del día, cada vez que reina la descalificación del contrario, cuando se cree que el ser tolerante es ser pacato, lleva al desastre. Aún estamos a tiempo para sosegar los espíritus y que el siglo XXI no sea otra centuria perdida para el país.

Basta mirar lo que ha pasado entre Israel y Palestina. El radicalismo palestino creó a Hamas y este movimiento fundamentalista islámico, a su vez,  fue el pasaporte para que en Israel triunfara electoralmente la versión más opuesta, radical y derechista y los demócratas perdieran espacio político y ya sabemos lo que ha pasado en la Franja de Gaza en los últimos meses.

La democracia es un ideal hermoso que para poder desarrollarse y asentarse en los espíritus necesita que la comunidad sea tolerante; en el seno de un país deben coexistir posiciones y miradas distintas entre sí y cada protagonista debe convivir con quieres piensan distinto a ellos.
Si esa tolerancia no la logramos en Colombia, el siglo XXI será solo una prolongación del amargo calvario que se vivió a lo largo de los siglos XIX y XX.

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