lunes 15 de febrero de 2010 - 10:00 AM

El rugido de las motos

El pasado viernes 12 de febrero salieron a las calles de varias ciudades del país, a protestar, miles de miembros de un nuevo sector de la comunidad que trata de convertirse en otro factor de poder, los motociclistas. ¿La razón de la protesta? La tramitación en el Congreso de la República del proyecto de Ley 207 que busca regular el tránsito de quienes usan este medio de transporte por las vías vehiculares de las ciudades y por nuestra red de carreteras y, además, que paguen impuestos, al igual que lo hacen todos los otros sectores de la sociedad.

¿Qué de lesivo tiene tal proyecto de Ley? Nada. O, ¿acaso viola algún derecho fundamental el que quienes transitan por las carreteras en motocicleta paguen peajes? ¿O lesiona algún derecho el regular que quienes tienen motocicletas de 125 centímetros cúbicos paguen aquellos impuestos que se cobran a quienes son propietarios de vehículos? ¿Será un abuso exigir que en una motocicleta no se transporten niños menores de 10 años, salvo que vayan acompañados de sus padres?

La indisciplina de los motociclistas, el desorden que han sembrado en las vías urbanas, su reiterativa violación de las normas del Código de Tránsito, son hoy un factor de perturbación de la vida en comunidad y las autoridades están en mora de ponerlos en cintura. El número de accidentes viales en los que se ven comprometidos es muy alto. El saldo de muertos, heridos y lisiados de por vida que año tras año hay en tal tipo de percances llega a límites que preocupan.

Las autoridades se instituyen para regularizar la convivencia ciudadana e impedir que haya factores que perturben el sosegado vivir en comunidad. Los motociclistas con su perenne violación de normas de Tránsito, como cuando conducen en zigzag, o cuando no respetan las señales de los semáforos, o conducen por las aceras, o usan las motocicletas para hacer aparatosos acarreos, o transportan 3 y más personas y animales, o llevan niños en forma irresponsable, o conducen embriagados o bajo el efecto de drogas alucinógenas, etc., generan crisis social.

Regular el pago de impuestos y contribuciones impositivas de estos vehículos no es un abuso, ni un despropósito, es ponerlos en igualdad de condiciones al resto de colombianos.

La motocicleta, medio de transporte que llegó hace muchos decenios a Colombia, irrumpió hace pocos años como medio masivo de transporte. Y lo ha hecho con tanta fuerza como desorden. Es cierto que es una alternativa válida para que las clases populares se movilicen a más bajos costos, pero no por eso tienen patente para generar caos en nuestras ciudades.

Si la comunidad y las autoridades permiten que este sector imponga su anhelo de que no se les meta en cintura, estamos pasando el umbral de la anarquía en nuestras ciudades. ¿Y acaso ello no choca con la razón de ser de las autoridades y las leyes?

 

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