lunes 25 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

El tráfico ilegal de armas en Colombia

Si bien no hay dato confiable sobre cuantas armas ilegales hay en Colombia, si se sabe que hay diversas rutas de tráfico de ellas por vía marítima, aérea y terrestre, procedentes de Ecuador, Brasil, Venezuela, Panamá, Estados Unidos y Europa.
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Uno de los problemas graves que tiene Colombia es la abultada cantidad de armas que ilegalmente se trafica en nuestro territorio y que está en poder de bandas ilegales, grupos residuales de exactores del conflicto interno armado, estructuras delictuales organizadas, narcotraficantes, etc. No hay datos exactos de cuantas hay en el país, se sabe que son demasiadas y que con ellas se causa zozobra en el territorio nacional.

El ingreso ilegal masivo de armas es herencia del conflicto interno armado y de la proliferación de formas de violencia que ha habido en Colombia entre 1948 y hoy. Es un mercado ilegal que lleva algo más de 70 años y nutre diversos nichos de delincuentes que el Estado no ha logrado neutralizar.

Si bien no hay dato confiable sobre cuantas armas ilegales hay en Colombia, si se sabe que hay diversas rutas de tráfico de ellas por vía marítima, fluvial, aérea y terrestre, procedentes de Ecuador, Brasil, Venezuela, Panamá, Estados Unidos y Europa, a donde llegan procedentes de los países que las producen como Rusia, Rumania, China y Estados Unidos.

Otro canal de adquisición de ellas es su fabricación artesanal y los actos de corrupción de miembros de las Fuerzas Armadas y de empresas privadas de seguridad que las sustraen y venden en el mercado negro. Un canal más de adquisición es el trueque de cocaína por armas que los narcotraficantes introducen al país. Por todos esos canales entran y se obtienen ilegalmente fusiles, ametralladoras, pistolas, revólveres, explosivos, lanzacohetes, lanzagranadas, etc.

Por otra parte, necesario es decir que Colombia tiene un aceptable conjunto de leyes y decretos para regular el comercio y porte de armas de fuego y municiones, tiene diversas medidas de control de ellas, registros, etc., pero lo enumerado no ha logrado que disminuya el comercio ilegal de armamento y munición y los organismos estatales involucrados en la investigación e interdicción de tal tráfico carecen de capacidad y autonomía operacional para desarrollar sus funciones. Otro asunto a tener en cuenta es que las labores de inteligencia preventiva son casi inexistentes, por lo cual en Colombia el enfoque respecto del tráfico ilícito de armas es fundamentalmente reactivo y muy poco preventivo, aspecto en el que es necesario que haya variación pues las circunstancias lo exigen.

editorial
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