lunes 20 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

En el caso Vives de Santa Marta, la justicia demostró que sí puede hacerse respetar

Esta calamidad, no por lejana nos es ajena, pues, por ejemplo en el área metropolitana tenemos frecuentemente casos en los que conductores ebrios, en vehículos a alta velocidad, en el anillo vial o la autopista, desde Bucaramanga hasta Piedecuesta, atropellan y muchas veces matan a peatones, motociclistas o pasajeros de otros carros.
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A la dolorosa tragedia que viven seis familias en Santa Marta, a las que pertenecían los jóvenes que fueron arrollados y muertos por un hombre que en estado de ebriedad conducía una camioneta de gran tamaño a alta velocidad, se suma el espectáculo bochornoso que siguió al hecho, protagonizado por el conductor del vehículo, Enrique Vives Caballero, un empresario de esa región quien, al parecer, según lo han afirmado las mismas autoridades, acudió a toda clase de patrañas para evadir el curso normal de la justicia.

Vives, según lo que ha podido establecerse por cuenta de la jueza primera penal municipal de Santa Marta, acudió a “actuaciones (que) demuestran que estaba evadiendo llevar a cabo el resto de audiencias preliminares”. Pero, la fiscalía fue aún más allá y pidió enviar a la cárcel al implicado por considerarlo un peligro para la sociedad y porque su conducta hacía suponer con alta probabilidad que existía un riesgo de no comparecencia ante la justicia. En pocas palabras, el hombre, además de manejar en alto estado de alicoramiento y muy por encima del límite de velocidad, lo que ocasionó la muerte de seis personas, intentó burlarse de la justicia.

Afortunadamente la valentía, compromiso y determinación de la jueza que recibió el caso, quien no permitió que tuvieran éxito las dilaciones y arbitrariedades a que acudió el implicado, así como la Fiscalía, que actuó también con la diligencia y firmeza necesarias, lograron que Vives y sus abogados fracasaran en su intento y hoy el implicado esté con orden de ser internado en centro carcelario. Esta calamidad, no por lejana nos es ajena, pues, por ejemplo en el área metropolitana tenemos frecuentemente casos en los que conductores ebrios, en vehículos a alta velocidad, en el anillo vial o la autopista, desde Bucaramanga hasta Piedecuesta, atropellan y muchas veces matan a peatones, motociclistas o pasajeros de otros carros.

El caso de Vives en Santa Marta, adquirió la obvia connotación especial porque el balance de seis muertos llena de dolor al país entero, pero debe hacernos reflexionar a todos, ciudadanos y autoridades, en la necesidad de entender, como comunidad, que nuestra conducta, en ningún caso, puede convertirse en un riesgo para la integridad o la vida de los demás y que cuando estos casos ocurren, la justicia debe actuar con celeridad y severidad para que la sociedad compruebe que, sin excepción de ninguna clase, el castigo alcanza a quienes sean los responsables de esta clase de hechos.

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