sábado 20 de diciembre de 2008 - 10:00 AM

En torno al Congreso

Marcel Proust expresa en uno de sus textos que el hilo de las horas lleva al orden de los años y por eso, al final de cada uno de ellos, los mortales rememoran lo que hicieron o dejaron de hacer durante tal espacio de tiempo. Llegó pues el instante de comentar lo que ocurrió en la Corporación que es cabeza de la Rama Legislativa del Poder Público durante el presente año.

El país parte de la premisa de que el Congreso vive afectado de inmovilidad. Pero, ¿podrá ella tornarse en certidumbre? Para tener suficientes elementos de juicio hay que darse cuenta que el Congreso es influido por todo aquello que afecta al país y por eso, cuando algo interfiere la marcha de la actividad nacional, en las Cámaras se enrarece el aire. Y la nota política más relevante de 2008 fueron las ambigüedades que en más de un asunto prohijó el gobierno nacional, lo que influyó en la marcha del Congreso.

Esto tiene mucho peso en la actual coyuntura histórica, pues el gran protagonista de la política colombiana de nuestros días es el actual Presidente de la República y sus orientaciones y estilo son los que marcan la pauta a la coalición de gobierno, que es la bancada mayoritaria del Congreso.

A lo anterior se suma un elemento que es fundamental al evaluar al Congreso: varios de los actuales parlamentarios no fueron realmente elegidos y llegaron a las curules que ocupan como consecuencia de haber sido los titulares de tales plazas, sindicados de delitos. Por eso la representatividad del actual Congreso está muy desleída.

Eso se ve de bulto cuando se sigue con detenimiento el decurso de las sesiones plenarias y de Comisiones de la Cámara de Representantes y del Senado. Allí, si bien hay algunos parlamentarios brillantes, la nota media es la presencia de congresistas muy poco lúcidos. Por eso inquieta que sean ellos quienes estén en buena medida señalando el norte de las Leyes que se expiden.

Como si eso fuera poco, afecta mucho el que el Gobierno haya dado tantos y tan bruscos timonazos en temas álgidos, como ocurrió con el proyecto de Reforma a la Justicia, que después de haber sido presentado al Congreso para que hiciera trámite, el mismo Presidente de la República anunció que era solo un borrador y cambió su texto, para a renglón seguido decir que ese nuevo documento era solo otro borrador y poco después lo retiró definitivamente. O la falta de claridad del Ejecutivo en torno a su posición sobre el referendo. Así, ¿cómo se puede achacar la falta de norte solo a los congresistas?

En conclusión, a la hora evaluar el trabajo de los congresistas este año, no se puede hacer a un lado la forma poco clara en que el gobierno cumplió su función ante las cámaras legislativas, punto en el que la administración Uribe dejó qué desear en 2008.



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