domingo 04 de octubre de 2009 - 10:00 AM

Entre la defensa ciega y la complicidad desvergonzada

En estos tiempos de escándalos incesantes y desenfrenos perpetuos, los colombianos deberían estarse haciendo una pregunta. Y esta pregunta es, ¿por qué razón la clase dirigente nacional y lo que es peor, una gran mayoría de la ciudadanía, se acostumbraron a que los debates políticos y concretamente los que tienen como escenario al Congreso de la República, tienen que ser realizados únicamente por la oposición?

En otras palabras, son tan graves  las inmoralidades y tan peligrosos los abusos que se dan a conocer casi a diario, que no solo tendrían que ser los parlamentarios críticos del Gobierno, sino también sus afectos, los que deberían estar realizando un control político como lo dispone la Constitución.

El mejor ejemplo para ilustrar lo anterior se puede ver en el más reciente remezón generado por el programa Agro Ingreso Seguro, que otorgó subsidios multimillonarios a familias pudientes de la Costa, al tiempo que el proyecto difícilmente les llega a los campesinos que tanto están necesitándolo.

Las irregularidades, que salieron a la luz pública gracias a una revista bogotana, ya generaron la petición de un debate al ministro de Agricultura en el Congreso, pero una vez más, por parte de una colectividad de la oposición como lo es el Polo.

Y es que no es necesario ser vidente dedicado ni politólogo de profesión, para predecir que ese debate tendrá, a pesar de todas las pruebas de indelicadezas y anomalías, como defensores principales del Ministro a los parlamentarios de la coalición gobiernista.

Coalición gobiernista que gracias a las prebendas y beneficios que les suele otorgar el Ejecutivo, pasaron ya de la defensa ciega de lo indefendible, a ser cómplices desvergonzados de indecencias como la que próximamente se discutirá en el Capitolio, muy seguramente sin pena ni gloria, gracias a las mayorías gubernamentales.

De hecho, esa defensa férrea de lo inaceptable, es lamentablemente una característica de naciones con subdesarrollo político como Colombia. En democracias como la de los Estados Unidos así como las europeas, a muchos parlamentarios que comparten colectividad política con el mandatario de turno, no les tiembla la voz ni les vacila el pulso para criticar y condenar cuando consideran que es su deber hacerlo.

En síntesis, es precisamente en situaciones como la que se vive en la actualidad, que queda demostrado más allá de cualquier duda que en este país se hace política con el estómago y control político con la billetera, razón por la cual no debería extrañar que todos los días reviente un escándalo nuevo.

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