lunes 11 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Episodios de decadencia

El país, con amargura, presencia un episodio que pone en evidencia la decadencia en que se ha sumido una corporación que es fundamental para nuestro Estado Nación, pues es el espejo en el que se mira toda la Rama Judicial del Poder Público: la Corte Suprema de Justicia. Este cuerpo colegiado está enredado en una puja en la que priman intereses y pretensiones terrenas, de aquellas en las que afloran las aristas más débiles que tienen los seres humanos. En desarrollo de ella, han sido hechos a un lado buena parte de la majestad de los cargos que detentan sus protagonistas para enzarzarse en un pulso poco edificante; la causa es el botín que hoy significa el detentar los cargos de presidente y vicepresidente de la mencionada alta Corte.

La opinión pública, atónita, se percata una vez más que a las altas Cortes y, por ende, a las instituciones colombianas, la Constitución de 1.991 las arrojó a un precipicio al poner en cabeza suya la función de decidir en la elección de cargos de primer nivel de la vida de nuestro Estado. Esa facultad ha causado inmensos males a lo largo de los 28 años que lleva en vigencia la Carta Constitucional y no solo ha demeritado la tarea que llevan a cabo las altas Cortes, que es la de juzgar y decidir sobre los conflictos que tienen los ciudadanos, sino que ha logrado que a la cúpula de la Rama Judicial lleguen personas que así conozcan el Derecho, no tienen la estatura moral, elegancia intelectual, ni el talante que tales cargos ameritan.

La elección de dignatarios de la Corte Suprema está hoy en un pantano y cualquiera que sea la forma en que tarde o temprano se salga de allí, no significa ello que las cosas encontraron solución y sanaron las heridas que se han proferido unos y otros, ya que nuevos capítulos de tal enfrentamiento se vivirán próximamente al elegirse al Registrador Nacional del Estado Civil, al Auditor General y al cubrirse cinco plazas de magistrados de la misma Corte Suprema, todo lo cual ocurrirá dentro de pocos meses.

Mientras ello ocurre, conocedores del Derecho se duelen de la falta de majestad de más de uno de aquellos que hoy simbolizan y encarnan a tan alta Corporación.

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