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Editorial
Viernes 01 de marzo de 2024 - 12:00 PM

Erradicar la intolerancia

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En la actualidad, la intolerancia parece ser un virus insidioso que infecta el tejido social y siembra discordia, dolor y división a su paso. Esta actitud destructiva no solo es un obstáculo para el progreso y la armonía, sino que también engendra las condiciones que propician conductas grupalmente autodestructivas. Lamentablemente, en Santander tenemos una larga historia de intolerancia que nos ha mantenido, vergonzosamente, en los primeros lugares entre las regiones más violentas del país, con índices que superan en mucho los máximos soportables en este tipo de patología social.

Bucaramanga, por ejemplo, es una ciudad en la que este fenómeno no logra siquiera detenerse, pues, hablando de las últimas cifras conocidas, en enero de este año, las lesiones personales aumentaron 19 %, comparado con el mismo mes del año pasado. Es decir, somos cada vez más agresivos. Cada vez nos hacemos más daño. En el fondo de todo esto persiste el machismo, como manifestación flagrante de intolerancia de género, oponiéndose así, por medio de la fuerza bruta, al avance de la igualdad y el respeto mutuo y relegando a las mujeres a papeles subordinados y a violencia física, emocional y psicológica.

Nuestros patrones de comportamiento, tal y como se han ido formando con el paso de los años, han resultado en un contexto inmodificable de violencia intrafamiliar, que es otra manifestación devastadora de esta intolerancia. Los hogares, que deberían ser refugios de amor y protección, se convierten en campos de batalla, en el que los más vulnerables son los niños, que quedan atrapados en este torbellino de abuso, sufriendo traumas que nunca se superan y, por lo tanto, perpetúan el ciclo nocivo, trágico y profundamente doloroso de la intolerancia.

En Bucaramanga, en el área metropolitana y en el departamento debemos hacer un esfuerzo inmenso y permanente, para crear las condiciones necesarias que algún día permitan erradicar la intolerancia, la violencia, la exclusión o el maltrato de nuestra cultura social. Debemos promover decididamente la educación en valores de tolerancia, respeto y compasión desde la primera infancia, fomentando así una cultura de convivencia pacífica y entendimiento mutuo. Solo así podremos construir una región en la que cada individuo sea valorado por lo que es, donde la diversidad sea celebrada y donde la intolerancia sea relegada al oscuro rincón del olvido. Es hora de alzar la voz contra todas las formas de violencia en las relaciones humanas y construir juntos un futuro más justo y humano para todos.

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Publicado por Editorial

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