jueves 16 de enero de 2020 - 12:00 AM

Es hora de evitar una tragedia

Es cierto que el sistema afronta problemas financieros que son de conocimiento público , pero esto no puede ser la justificación para que no se garantice la seguridad de los pasajeros...
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No puede volverse costumbre para los bumangueses recibir noticias de emergencias en los buses de Metrolínea y luego escuchar de parte de la empresa y los operadores del Sistema explicaciones técnicas, que solo logran confirmarnos que al menos en un número considerable estos vehículos no estaría en las condiciones óptimas en las que deben estar para garantizar al 100% la integridad de los pasajeros.

Para nadie es un secreto y, de hecho, el asunto ha hecho parte de múltiples denuncias de este diario, que parte del parque automotor adscrito a Metrolínea suele carecer del debido y oportuno mantenimiento, además de que no se cumplió con la reposición de esos vehículos, que debió hacerse en los términos que lo dispone el convenio que dio nacimiento al Sistema Integrado de Transporte Masivo en la ciudad. El pasado martes fue un padrón el que causó pánico a los pasajeros, pero antes de este incidente, otro vehículo se incendió en la autopista, al igual que un P13 que fue también noticia por fallas similares. En total, la misma empresa ha reconocido la ocurrencia de 13 percances de esta índole.

Todo esto nos lleva a la evidencia de que el parque automotor de Metrolínea presenta graves problemas de mantenimiento, lo que se une a las denuncias de los pasajeros por el mal estado del interior de los buses, las sillas, la zona de articulación, las luces, además del cada vez más agresivo manejo y comportamiento de los conductores que en los primeros meses de funcionamiento del sistema se distinguieron por lo contrario.

Es cierto que el sistema afronta problemas financieros que son de conocimiento público y que sin duda el deterioro de los buses es reflejo de la calamitosa situación económica de la empresa, pero esto no puede ser la justificación para que no se garantice la seguridad de los pasajeros, pues esta no es una obligación que pueda relevarse.

No sobra hacer un llamado de atención a la nueva administración para que concentre allí los esfuerzos necesarios para que, entre otras cosas, no vaya a quedar en la injusta posición de tener que responder por acciones u omisiones de gobiernos anteriores, que nos dejaron cerca a una tragedia que todos los responsables del Sitm están en la obligación de evitar.

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