viernes 07 de noviembre de 2008 - 10:00 AM

Es hora de hacer la seña

Los hechos en política tienen una dinámica tal, que así sus protagonistas traten de detenerlos o de aplazarlos (para que no se les salgan de las manos y poder cincelarlos a su gusto), aquellos, por su propia energía, desbordan lo que con ellos se pretende, toman vida propia y terminan abriendo grietas en muros que se creían sólidos.

Eso está ocurriendo en la Colombia de hoy, con dos asuntos cuya definición pública el Presidente de la República ha buscado dilatar: anunciar si busca o no una nueva reelección inmediata, y además exigir responsabilidades políticas en el seno del gabinete ministerial.

El no definir su determinación sobre la nueva reelección en un momento dado fue inteligente, le permitió manejar las cosas en el mundo de los hechos políticos, pero el paso del tiempo y la dinámica del trajín político hicieron que esa falta de decisión se convirtiera en obstáculo que dificulta el poder orientar y nuclear a las mayorías en el seno del Congreso. Está entorpeciendo el trámite de proyectos gubernamentales fundamentales como el Referendo, la llamada 'ley de víctimas' y la reforma política, para referirnos a tres de los que conforman la agenda gubernamental.

Así, la dinámica de los hechos políticos ha logrado que el asunto se vuelva de difícil manejo presidencial, ha abierto la puerta para que aumenten las voces inconformes y que ello sea otro sumando en el collar de críticas por los talones de Aquiles de su administración, como el manejo de la política exterior, su evidente simpatía por los candidatos del Partido Repúblicano en E.U., cuando ha quedado plenamente demostrado que el globo terráqueo entero no compartía tal proyecto político y anhelaba un cambio.

La bancada del Gobierno muestra cada vez más fisuras, hay velados deslizamientos de congresistas y eso en parte es consecuencia del aplazamiento de la toma de decisiones sobre la reelección presidencial en la Casa de Nariño.    

El Referendo, cuyo texto no es claro por su redacción errática, que hace posible interpretarlo en diferentes sentidos, dificulta el futuro de las pretensiones presidenciales y exige que se haga pública la definición del Primer Mandatario en el menor tiempo posible.

En política las cosas tienen su momento y las comentadas están pasando de castaño a oscuro por la obstinación en seguirlas dilatando, mientras para tener juego político en el Congreso se aplaza la toma de  decisiones administrativas importantes, como nombrar embajadores en varios países de América y de Europa.
 
Todo lo comentado entraba el arte de gobernar. Por ello es prudente revisar qué cosas no dan más espera en materia de definiciones, tomar el toro por los cuernos o seguirá corriendo el agua bajo los puentes.

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