miércoles 05 de mayo de 2021 - 12:00 AM

Es urgente el diálogo nacional

es el momento de que del talante de quienes se dicen líderes y representantes del pueblo emerja la grandeza necesaria para relegar sus intereses particulares en pro de un acuerdo nacional que abra nuevos caminos para reencontrarnos con la tranquilidad, la equidad y el bienestar de todos los colombianos...
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Si puede haber un punto en el que coincidan todos los sectores nacionales, los de la producción, los partidos políticos y los líderes de opinión individualmente, así como las organizaciones sociales, es en el que sostiene que solo podemos superar el momento actual mediante la convocatoria presidencial a un diálogo nacional amplio, sin condicionamientos, y a la vez respetuoso, sincero, objetivo e inspirado en la recuperación de la armonía, la paz y la convivencia perdida en las últimas semanas.

Al mismo tiempo que la protesta social permanece, el vandalismo que no le es propio, pero que se aprovecha, se degrada cada vez más y así, tanto la dirigencia popular como el Gobierno van perdiendo el control de la situación, que, como lo demuestran los hechos, cada día se hace más incierta, lo que en otras palabras significa que la amenaza sobre cada colombiano crece. Las vidas están en juego, todo el aparato productivo está en riesgo, la democracia misma está en riesgo, en un país que simultáneamente atraviesa el pico más mortal de la pandemia que pareciera haberse olvidado.

Es evidente que cada día de conflicto profundiza las diferencias y alarga las distancias entre los sectores sociales, políticos, económicos que, dicha sea la verdad, llevan varios años midiendo fuerzas y planteando más desafíos que acuerdos. Son momentos históricos en los que el interés nacional debe primar por sobre toda consideración; es el momento de que del talante de quienes se dicen líderes y representantes del pueblo emerja la grandeza necesaria para relegar sus intereses particulares en pro de un acuerdo nacional que abra nuevos caminos para reencontrarnos con la tranquilidad, la equidad y el bienestar de todos los colombianos, sin peligrosas exclusiones o gradaciones.

La perspectiva histórica es fundamental en una encrucijada violenta como la que vivimos. Los procesos que nos trajeron hasta este momento de crisis deben someterse al juicio desapasionado de quienes se sienten a esa necesaria mesa de diálogo nacional, para que, con valor y autocrítica, puedan identificar las líneas que deben trazarse hacia el futuro, con el fin de que no solo se logre apaciguar temporalmente el país, sino que se sienten bases sólidas de un nuevo pacto social que garantice la sana convivencia indefinidamente y se produzcan por fin las condiciones que permitan un crecimiento económico sostenido y equitativo para todos los colombianos.

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