martes 03 de febrero de 2009 - 10:00 AM

Escuadrón antitrampas

Desde hace ya varios años, los bumangueses se vienen quejando del deterioro de su ciudad. Dicen que se ve tan desbaratada, descompuesta y acabada, que uno de los principales apodos con el que se conocía nacionalmente como lo era Ciudad Bonita, se está convirtiendo lenta pero inexorablemente, en una gran mentira.

Lamentablemente, todo parece indicar que tienen razón. A diferencia de otras urbes del país como Medellín o Bogotá, en donde si bien las cosas están muy lejos de ser perfectas, algo de inversión pública sí se ha visto en las calles y avenidas durante las últimas administraciones, la falta de un mantenimiento básico en la capital santandereana durante años, no solo la está volviendo fea, sino hasta peligrosa.

Esa es a la conclusión a la que se llega luego de leer el informe presentado por este diario ayer en su página local, en el que quedaron en evidencia las trampas inclusive mortales a las que se enfrenta la ciudadanía todos los días apenas pone un pie en la calle.

Sí, a los más de 2.300 baches que no dejan amortiguador con vida, hay que agregarles alcantarillas sin tapas, ausencia de andenes, cables de alta tensión expuestos, postes y casas a punto de caerse, así como huecos en zonas peatonales que sólo un milagro explica cómo no han producido más lesionados.

Si a todo lo anterior se le agrega que es poco por no decir nada lo que hace la Oficina de Control y Ornato por cumplir funciones tan elementales como podar los separadores y orillas de las vías (ver la franja oriental de la autopista en el sentido sur-norte poco antes de la Puerta del Sol), se tiene una urbe que no solo luce deprimente para sus habitantes, sino riesgosa para sus peatones y en estado de dejadez total para los turistas que se pretende que la visiten y además vuelvan.

Como en muchos otros temas, el problema ya está ampliamente diagnosticado. Sólo falta que nazca una voluntad real y efectiva por parte de la administración municipal para corregir tantos desperfectos, que aparte de la repavimentación de las calles que sí es muy costosa, no requieren de altísimos presupuestos para su reparación. Una especie de escuadrón especial antitrampas, que haga un inventario por toda la ciudad de estas situaciones y les haga seguimiento hasta que queden solucionadas, podría ser un buen punto de inicio.

Por último, no sobra recordar que es precisamente en aspectos como los aquí comentados, que afectan directamente la calidad de vida de la ciudadanía, en los que se diferencian las grandes administraciones públicas de las simplemente mediocres o hasta malas.

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