miércoles 08 de julio de 2020 - 12:00 AM

Estamos en una nueva fase de la pandemia

De acuerdo con el ritmo de crecimiento que tiene en este momento la enfermedad y lo que se espera para las próximas semanas, se hace literalmente vital que las personas actúen con el máximo de responsabilidad.
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Entre el 7 de junio y el 7 de julio, Santander pasó de 160 casos de COVID-19 a 1.012, una cifra que debe servirnos para entender la velocidad a la que está moviéndose la curva de contagio de esta enfermedad entre nosotros y, por consiguiente, una cifra que nos indica que hemos entrado en una nueva fase de esta pandemia y es la que ubica el mayor grado de responsabilidad en las personas, ya no en las autoridades, sencillamente porque se ha hecho una apertura bastante grande, presionada por la necesidad de reactivar la economía y llevar posibilidad de sustento a miles de hogares que vivían situaciones sencillamente calamitosas.

Sin que se vaya a soslayar de manera alguna la obligación que tienen los gobernantes, las autoridades de policía, la red de atención en salud y otros, en controlar el cumplimiento de las medidas de bioseguridad que se han decretado como obligatorias hace ya largo tiempo, las circunstancias actuales demandan de las personas una disciplina mucho mayor a la que se ha observado hasta ahora, un comportamiento mucho más consciente y consecuente con la realidad que afrontamos y una mayor atención a lo que sucede en su entorno más próximo.

De acuerdo con el ritmo de crecimiento que tiene en este momento la enfermedad y lo que se espera para las próximas semanas, se hace literalmente vital que las personas actúen con el máximo de responsabilidad. Es la hora de que seamos claros en que nuestra salud y la de los demás depende, hoy más que antes, del cuidado que cada uno tenga de sí mismo, de la frecuencia en sus salidas, de los lugares que visita, de la observancia de las medidas de seguridad, de la conducta que sigue en la calle y establecimientos que visite.

Hay que entender que si las autoridades han permitido mayor acceso al exterior de las viviendas y cada vez más actividades de toda índole, esto no se debe a que el riesgo haya disminuido, en relación con los días del aislamiento total, sino que teníamos que actuar para no causar daños mayores a la economía. Las cifras demuestran que la apertura aceleró los contagios y, si bien todos aceptamos que había que correr ese riesgo, también tenemos que entender que hay que extremar las medidas de protección, especialmente a los ancianos, los niños y las personas con condiciones de salud especiales.

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