jueves 23 de julio de 2009 - 10:00 AM

Etesa y las máquinas tragamonedas

Ubicadas en tiendas de barrio, panaderías, cafeterías, estaderos, casinos regulares e irregulares, bingos, salas de belleza, etc, hay dispersas por ciudades, pueblos y caseríos del país más de 100 mil máquinas tragamonedas y aparatos similares de lo que se conoce como 'juegos en línea'.

¿Cuántos? Según Etesa, entidad oficial encargada de vigilarlas y controlarlas, hay debidamente registradas algo más de 71 mil. Pero se estima que irregularmente funcionan más o menos otras tantas. Es decir, en Colombia hay en sitios públicos cerca de 140 mil máquinas de ese tipo.

A su uso tienen acceso y caen en la adicción personas de los más diversos estratos y condiciones sociales y económicas, principalmente pensionados, trabajadores, menores de edad, amas de casa, desempleados y subempleados. Se considera que los ingresos diarios brutos de cada uno de tales aparatos fluctúa entre los 600 mil y un millón quinientos mil pesos. También se afirma que este mercado maneja al año más de  doscientos mil millones de pesos y que la mitad de tal suma de dinero no paga regalías ni gravamen alguno al Estado.

Si lo anterior preocupa por su incidencia social y tributaria, a ello se suma el que grupos delincuenciales de los más diversos pelambres, han encontrado en estos juegos la trinchera ideal para lavar activos, invertir sus sucios patrimonios, obtener recursos para sus oscuros propósitos y a sus anchas 'gobiernan' tal actividad con ánimo de señor y dueño.

Tan mefistofélico universo es 'alimentado' por clientes que son padres y madres de familia, menores de edad y adultos mayores, quienes yendo tras una quimera económica malgastan sus famélicos ingresos, causando  inenarrables daños a sus familias y a la sociedad.

Le entidad que creó el Estado para controlar y fiscalizar los juegos de azar, que es a la vez la recaudadora de las regalías que tales actividades deben pagar para la salud, es Etesa, la que no tiene la requerida fortaleza para poner en cintura a los operarios de los juegos en línea y los casinos, bingo y similares y que desde su creación ha sido vista por el Gobierno como proveedora de recursos para la salud y para pagar favores y asegurar 'lealtades' de políticos, como Javier Cáceres.

Etesa ha sido ineficiente, no tiene el músculo ni los dientes necesarios para enfrentar a las mafias del juego, controlar y fiscalizar el complicado mundo de los casinos y mientras el tumor crece en forma preocupante, hay gran indiferencia ciudadana por lo que en ese mundo suceda. ¿Cuándo hará real y efectiva presencia el Estado en esta otra amenaza para la seguridad de la sociedad? 

 

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