sábado 16 de enero de 2021 - 12:00 AM

Gracias, Alejandro Galvis Ramírez

Fue un amante sin descanso de esta región. Vivía por ella, estaba convencido de trabajar sin descanso por hacer de Santander una región pujante y de tener siempre al periódico como la voz de los desfavorecidos.
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Alejandro Galvis Ramírez es sin duda uno de los personajes más importantes que ha dado Santander en el último siglo. No es exagerado afirmarlo, es la conclusión evidente cuando se mira la vida de quien fue el alma y nervio de esta región en los últimos cincuenta años. Duele su partida, duele decir adiós a quien fue el motor de Vanguardia y quien llevó a este medio de ser el sueño del ideal liberal de su padre, Alejandro Galvis Galvis, al eje de todo un sistema informativo regional, conformado por varios medios de comunicación, agencias de noticias e iniciativas informativas de toda índole. Fue él quien logró llevar a Vanguardia a la modernidad y a que hoy sea un medio de comunicación orgullo de esta región, que ya cumple 101 años.

Fiel al legado de su padre, fue un defensor de las ideas liberales, del respeto por el individuo, de la libertad de empresa, del debate con argumentos, de la defensa de los principios y de la importancia de la prensa como defensor incansable de los ciudadanos.

Siempre creyó en el periodismo como un vigía del poder y en el periodismo regional como la forma de impulsar el crecimiento del departamento y de formar una mejor sociedad.

Valiente como pocos enfrentó a corruptos sin miedo, sin importar que esta convicción sobre el deber superior de la prensa le significara perder amistades, tener obstáculos en los negocios o recibir amenazas. En todos quienes han sido hijos de esta casa editorial está su imagen entre los escombros de Vanguardia, destruida por Pablo Escobar en 1989, alentando a la redacción a seguir y a tener lista la edición del día siguiente, que circuló bajo el título “Aquí seguimos”. De este tamaño era Alejandro Galvis Ramírez.

Fue un creador incansable de empresas e impulsor de empresarios, deportistas, artistas y todo aquel que pudiera reflejar lo que para él era el orgullo de Santander. Fue un amante sin descanso de esta región. Vivía por ella, estaba convencido de que el deber de Vanguardia era trabajar sin descanso por hacer de Santander una región pujante, de exigir a los gobernantes transparencia en sus acciones y de tener siempre al periódico como la voz de los más desfavorecidos.

“La picardía y la corrupción les temen más a los periódicos que a los jueces”, solía decir. Y por eso estaba convencido de que, por más consecuencias que trajera, los medios debían seguir al frente de su deber de denunciar, sin miedo. Y repetía la frase de su padre: “callarse es de cobardes o de cómplices y Vanguardia no es nada de eso”.

Fue el gran decano de la prensa regional, y no es arrogante decir que los mejores periodistas que ha dado esta región se forjaron bajo su batuta y aprendieron cada vez que les dejaba en lapicero rojo las anotaciones en su escritorio sobre algún artículo que podría haber salido mejor.

No es fácil escribir estas palabras. Vanguardia se queda sin su alma y Santander sin su motor. Pero en cada uno de sus colaboradores ha quedado un pedazo de su historia y esa convicción absoluta de seguir trabajando sin descanso y sin importar las consecuencias por el buen periodismo y por Santander.

¡Gracias, mil veces gracias, por tanto!

Desde estas páginas seguiremos fieles a su legado, que es el mismo de su padre y el mismo que heredaron las generaciones que hoy seguimos al frente de este diario.

Nuestro abrazo solidario a toda la familia Galvis, a la Junta Directiva de Vanguardia, a los amigos y todos los que sonrieron tantas veces junto a Alejandro Galvis Ramírez.

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