miércoles 05 de febrero de 2020 - 12:00 AM

¿Hasta cuándo el caos del tránsito en la ciudad?

En Bucaramanga y su área estamos atrapados en una dinámica de violación de las normas e impunidad por inacción de la autoridad responsable de regular a los conductores y la falta de conciencia ciudadana.
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Un área en la que, desde hace décadas, las administraciones municipales de Bucaramanga y su área metropolitana han fracasado evidentemente es el del tránsito vehicular. En realidad, algunos gobiernos no solamente han fracasado en la materia, sino que parecen haber subestimado el problema, en una actitud que terminó por convertir a la Dirección de Tránsito de Bucaramanga en una entidad empobrecida, cada vez más incapaz de cumplir con su misión.

Entre tanto, las vías son escenario de la anarquía, la agresividad y el peligro, que permanentemente deben enfrentar los cientos de miles de conductores que las utilizan para sus desplazamientos. Hablamos de una ciudad que, como Bucaramanga, está muy lejos de crecer al ritmo que lo demanda el aumento desmedido del parque automotor y de un área metropolitana que en la última década está muy cerca de duplicar la cantidad de vehículos matriculados. Entre una cifra y otra, los cuatro municipios conurbados superaron ya los 700 mil vehículos circulantes, al tiempo que las administraciones municipales siguen dándole al de la movilidad un tratamiento displicente, lo que es desconsiderado con quienes, como conductores, usuarios del transporte masivo o peatones, se ven en la obligación de recorrer las calles.

Por esto es que cada día se siente más la ausencia de una política seria y sostenible de movilidad y preocupa también la manera como los alféreces de la Dirección de Tránsito de Bucaramanga se ven rebasados muchas veces en su capacidad de acción, no solamente por el flujo del tráfico, sino por el comportamiento anárquico y agresivo de muchas personas al comando de carros y motocicletas principalmente. Como lo denunció Vanguardia hace unos días, andar en contravía ya no parece una violación al Código de Tránsito porque las sanciones son apenas una mínima cantidad, junto al número de conductores que deciden tomar el sentido prohibido en una vía cualquiera, así sea una avenida, un puente, e incluso la autopista.

En cuanto al tránsito vehicular, en Bucaramanga y su área estamos atrapados en una dinámica de violación de las normas e impunidad por inacción de la autoridad responsable de regular a los conductores y la falta de conciencia ciudadana.

El desafuero de las ambulancias es total, los accidentes de tránsito y la consecuente congestión ya son parte del paisaje en los recorridos por la ciudad, las motos zigzagueantes en exceso de velocidad y el transporte público, haciendo maniobras amenazantes, conforman el panorama de la caótica movilidad que desde hace rato estamos sufriendo.

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