jueves 11 de julio de 2019 - 12:00 AM

Hay que asegurar la protección y el futuro de nuestros niños

No se trata de aumentar penas, pues si estas se aplicaran de forma correcta a los casos de abuso de menores, los agresores pasarían su vida en la cárcel. Se trata de que esta sociedad y el Estado los protejan

No cabe duda de que los delitos que más lastiman a la sociedad son los que se cometen contra los niños y entre todos los tipos de agresión que sufren los menores en Colombia, los de índole sexual son los que suelen crispar a la opinión y llevan casi siempre como reacción inmediata la exigencia de más penas y más severas contra quienes atentan de esa manera contra la integridad, la dignidad y la vida de los menores.

Esta tendencia es legítima, por supuesto. Buscar que mediante la vía punitiva se alcance el ideal de disminuir o contener los delitos, especialmente los ya mencionados, es un presupuesto general que se expresa inmediatamente cada vez que se enfrenta a delitos sexuales contra menores o a algún hecho particularmente doloroso. Las personas buscan con esto proteger la integridad de los menores y castigar ejemplarmente a quienes incurren en comportamientos tan ignominiosos.

Ayer, justamente, el presidente Iván Duque manifestó que insistirá ante el Congreso en el establecimiento de la cadena perpetua para los violadores y asesinos de niños, según el mandatario, atendiendo a lo dispuesto en el artículo 44 de la Constitución Nacional, que privilegia los derechos de los niños por encima de los derechos de las demás personas. De esta manera, el Presidente dio paso a un debate que surgió días atrás por parte, precisamente, de la Comisión Asesora en Política Criminal del Estado, que recomendó al Gobierno no apelar a este tipo de recurso penal por considerar que “la prisión perpetua es innecesaria, cruel, inhumana e inocua”. Por el contrario, los asesores del Gobierno afirman que no hay evidencias de que este tipo de castigos logre reducir la comisión de los delitos.

Pero, así como la Constitución pone los derechos de los niños sobre cualquier otra consideración, hay que esperar que la protección de los menores se ubique en el primer lugar de las prioridades del Estado ya que, según las cifras oficiales, cada año crece el número de menores que, o son agredidos de múltiples maneras, o son asesinados, o carecen de las mínimas condiciones para que tengan una vida digna y segura, como el acceso a la salud, a los servicios básicos, a la educación, a la vivienda, al buen trato, etc.

No se trata de aumentar penas, pues si estas se aplicaran de forma correcta a los casos de abuso de menores, los agresores pasarían casi que su vida completa en la cárcel. Se trata de que esta sociedad y el Estado protejan a los niños, en todas las regiones del país, y les otorguen condiciones cada vez mejores, más dignas, más constructivas. El mayor drama de nuestros niños es su abandono, lo que genera el espacio propicio para sobrevenga el abuso y el maltrato.

editorial
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