domingo 25 de abril de 2010 - 10:00 AM

Hervidero de carros

A pesar de que todavía no existe un consenso sobre lo que pueda ocurrir en materia de precios finales con exactitud, lo que sí se sabe es que van a disminuir ostensiblemente. Los diferentes tratados comerciales que firma Colombia en la actualidad con otros países y particularmente con la Unión Europea, van a tener un impacto en el valor de los vehículos disponibles para los colombianos que revolucionará el mercado.

Si bien en materia de precios finales la situación no es totalmente clara, aunque se sabe que van a disminuir bastante, lo que va a suceder en las vías sí es fácil de predecir. Sobre todo si el escenario se comporta como hasta ahora en materia de construcción de calles y carreteras. O para ser más precisos, en la no construcción de las mismas.

Es que no es necesario ser un experto, para pronosticar que de aumentar los vehículos de todo tipo en circulación gracias a que serán más asequibles para un mayor número de colombianos, las vías nacionales, urbanas y rurales, darán el paso que les falta para convertirse en un auténtico purgatorio. Un hervidero de máquinas sin espacio suficiente para movilizarse.

A pesar de ser un productor de petróleo, en este país se pagan los combustibles más caros del continente por cuenta del caudal de impuestos que se le cuelgan al precio final, supuestamente, para construir y mantener las vías de las ciudades en buen estado. Y eso, claro, sin contar los numerosos peajes que se multiplican por las carreteras del territorio nacional que deberían servir para lo mismo.

Sin embargo, pocas veces por no decir casi nunca, el producto de esas sobretasas a la gasolina se ve traducido en obras, razón por la cual las calles de las principales ciudades colombianas cada vez se asemejan más al paisaje lunar, al tiempo que en materia de carreteras y kilómetros pavimentados por habitante, el país no le da la talla ni a Bolivia.

¿La causa de todo? La enemiga de siempre. Esa corrupción incrustada hasta los tuétanos del país, que solo permite la iniciación de contadas obras, por lo general, cargadas de sobreprecios y lo peor, de muy dudosa calidad.

El diagnóstico, entonces, está claro. Y los efectos de esa enfermedad, que se padecen todos los días por cuenta de la pésima infraestructura, también están identificados. Únicamente resta que algún día los organismos investigadores del Estado tengan la voluntad suficiente pero sobre todo la honestidad requerida para velar por el destino correcto de esos cientos de miles de millones de pesos de los contribuyentes que año tras año no se traducen en vías, sino en jugosos saldos bancarios para los mismos de siempre.

Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad