lunes 01 de diciembre de 2008 - 10:00 AM

¡Dios mío, qué imagen!

A la ya deteriorada imagen de Colombia ante la opinión mundial, ahora se suma una sarta de acontecimientos que producen vergüenza.

Nos referimos a los obstáculos que está poniendo el Gobierno para que la Ley de Víctimas constituya un verdadero resarcimiento y al espectáculo inconcebible de un país de tahures e ingenuos que se deja engañar por los vendedores de ilusiones, bajo la mirada complaciente de unas autoridades que no actuaron oportunamente y, finalmente al hacerlo, contribuyeron a crear un gran desbarajuste en la economía de muchas familias colombianas.

Es fácilmente comprobable que ante la mayoría de naciones Colombia ha sido estigmatizada por la profunda penetración del narcotráfico, el infausto récord de poseer la guerrilla más antigua del mundo, el nacimiento de grupos antiguerrilla que superaron la crueldad de sus opositores, sus altos índices de violencia e inequidad y, más recientemente, por el macabro hecho de las ejecuciones extrajudiciales - eufemismo total al no existir las judiciales, ya que no está institucionalizada la pena de muerte - con el absurdo pretexto de presentar 'falsos positivos'.

Como si todo eso no fuera suficiente para ser vista como una nación cuya vida transcurre en medio de la barbarie y que profesa un profundo desprecio por los Derechos Humanos, ahora resulta que desde el Palacio de Nariño se dan instrucciones para que la bancada uribista introduzca modificaciones a la ponencia sobre compensación a las víctimas de todo tipo de violencia y mediante tales cambios se establezcan discriminaciones, se dependa para el resarcimiento del resultado de juicios que pueden durar eternidades, se pongan límites en cuanto al monto de las indemnizaciones y al tiempo durante el cual se pueden solicitar las mismas, además de que una eventual compensación no tendría el carácter de derecho inalienable, sino de solidaridad oficial, lo que resulta equivalente a una dádiva.

El mensaje que transmite este derroche de insensibilidad es que se está en contravía de la defensa de los Derechos Humanos, lo cual, además de repudiable, podría acarrear problemas ante el próximo gobierno estadounidense, el cual ha anunciado que dará absoluta prioridad a los DD. HH., así mismo ante el concierto de la opinión mundial.

De otra parte, el ya trajinado tema de las pirámides y de DMG nos presenta como un país de opereta. Esas colas interminables de personas que se deslumbran ante la posibilidad de obtener dinero fácil, esa inmensa cantidad de compatriotas que no se detienen a pensar de dónde provienen unas ganancias que riñen con toda lógica, esas manifestaciones en las cuales se reclama el derecho al trabajo, cuando lo demostrado al participar en tales albures es justamente el deseo de no tener que trabajar para solucionar las necesidades o apetitos económicos, esas medidas gubernamentales tardías y de dudosa efectividad ¿Qué otra cosa pueden demostrar?

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