miércoles 14 de abril de 2010 - 10:00 AM

¡Mucho cuidado con las encuestas!

Desde el comienzo de esta semana, el país se encuentra inmerso en una polémica.

¿La razón?  La manera en que se están realizando los sondeos de opinión para determinar cuál de los aspirantes a la presidencia de la República cuenta con la mayor intención de voto entre los electores. Y ese manto de duda, en un país donde lamentablemente los resultados de las encuestas generan más atención y cautivan más audiencias que las mismas propuestas de los candidatos, es muy peligroso.

La desconfianza y las sospechas que se han generado sobre las encuestas, sobre todo ahora que no parece haber un favorito claro dentro de la opinión pública para llevarse el triunfo, han llegado al punto de presionar a que incluso el Consejo Nacional Electoral, organismo cuya parsimonia a la hora de actuar es una de sus principales características, haya decidido, por fin, tomar cartas en el asunto.

Asunto que no debería ser difícil de componer, si se controlaran con minucia las condiciones y requerimientos estadísticos que deben empapar a cualquier encuesta para que sea válida. Es decir, para que efectivamente refleje el estado de la opinión pública.

Sobre la validez de este método para auscultar el pensamiento de una sociedad, es mucho lo que se ha estudiado pero todavía más lo que se ha escrito y más aún, criticado. Sin embargo, no se puede negar que, realizadas con las exigencias mínimas, son una herramienta bastante efectiva y no menos precisa para lograr su objetivo.

En Colombia, históricamente y a pesar de los ataques de los que han sido objeto, tanto las encuestas como las firmas que las realizan han salido bien libradas a la hora de comparar sus resultados con la realidad. Y es precisamente por esa razón, por tener hasta el momento una honrosa reputación bien ganada, que no pueden ser objeto de dudas o desconfianzas y menos aún, cuando es el destino inmediato del país el que está en juego.

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