viernes 19 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Infaustos desaciertos electorales

Lleva el país una semana en vilo por la inmensa cantidad de desaciertos que hubo tanto en el manejo gerencial de las elecciones, como en el universo del proceso comicial. ¿Responsables? La Registraduría Nacional del Estado Civil, en general, el Registrador, en especial, el sistema electoral colombiano y la corrupción de muchos de quienes intervinieron en los comicios.

Quedó demostrado que tanto el registrador, Carlos Ariel Sánchez, como el registrador delegado para asuntos electorales, Alfonso Portela, sufren de incapacidad administrativa.

En estas elecciones ocurrieron cosas funestas, de diverso origen. Corrupción, delitos contra el sufragio, malas costumbres electorales, deficiencia de las leyes electorales, entre otros, ponen en evidencia que la infraestructura del edificio electoral,  amenaza con desplomarse. Pero ello es algo distinto a las fallas gerenciales del Registrador.

Además, las críticas que han hecho el ministro del Interior y el Presidente son más episódicas que de fondo, sin desconocer que es incorrecto el que, habiendo ley seca, se ofreciera licor a los visitantes al lugar donde estaba, el día del debate, el despacho del registrador Sánchez. Pero hubiera sido atinado que el gobierno mostrara preocupación por los múltiples actos de corrupción, los delitos contra el sufragio y la intervención en política de funcionarios públicos.

En Colombia el sistema electoral no es confiable. Ese pesado lastre lo arrastramos desde hace años y es consecuencia de que a los políticos no les atrae hacer una verdadera reforma del sistema ya que al aprobarla, se desmoronan los soportes de su poder político local, regional y nacional. Y mientras no la haya, el caos electoral será cada vez mayor.

De igual manera, fue un desacierto el proceso informático que hubo en las elecciones, del que era responsable Une. Deja qué desear que tal compañía haya subcontratado el software o programa informático. Une debe aceptar su responsabilidad en el caos que provocó el colapso informático del proceso electoral y explicar por qué subcontrató tal labor.

Parece que las fallas logísticas del sistema electoral en anteriores oportunidades quedaron disimuladas por el oportuno procesamiento de los datos y resultados. La eficacia de la firma con la que se contrató durante un cuarto de siglo tal labor, impidió que Colombia tomara conciencia de la dimensión del caótico andamiaje electoral que tenemos.

Es responsabilidad del registrador Sánchez el caos logístico del proceso electoral. Tarjetones electorales de difícil interpretación que parieron casi 2 millones de votos nulos; deficiente divulgación pedagógica del uso de los tarjetones entre la ciudadanía y los jurados de votación; torpezas administrativas a granel.

Esa es, en pocas palabras, la coyuntura electoral que se respira y que ojalá no se repita en los comicios presidenciales.

 

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