lunes 05 de enero de 2009 - 10:00 AM

Justicia y Administración Participativa

Existen tres clases de profesores: los que quieren hacerse temer, los que quieren hacerse amar y los que quieren hacerse respetar. Los primeros son los que gritan y regañan permanentemente, los segundos aparentan ser muy comprensivos y bondadosos, los terceros son los que no les tiembla la voz para elogiar a quienes se lo merecen, pero tampoco les tiembla la mano cuando hay que sancionar a quienes se han hecho merecedores a ello.

Cuando se les pregunta a las personas cuáles son los profesores que recuerdan con más cariño, no se mencionan ni los primeros, ni los segundos, sino a los que supieron exigir pero también demostraron justicia y calidad en todas sus actuaciones.

Igual clasificación puede hacerse de los jefes de las diferentes instituciones, y por iguales razones los más recordados con gratitud y cariño, ni son los jefes malgeniados ni los jefes bondadosos, sino aquellos que siempre actuaron con rectitud y en total consonancia con la justicia.

Una reciente encuesta de 'empleo.com' nos revela que la hipocresía, el incumplimiento, la altanería y la grosería son las características de los superiores que más molestan a los trabajadores colombianos.

En los estilos de Administración Pública y Privada suelen reconocerse cuatro modalidades: La Administración Autocrática o Autoritaria, en la que el jefe manda todo el tiempo pero no dialoga con sus subalternos; la Administración Aparentemente Participativa, en la que el jefe dialoga pero en últimas hace sólo lo que se le da la gana; la Administración Participativa en la que el jefe toma las decisiones importantes dialogando con su gente y oyendo diferentes puntos de vista que enriquecen la información y hacen que las decisiones sean más acertadas y aceptadas, y la llamada Administración de Rienda Suelta en la que todo el mundo hace lo que puede sin dirección ni sentido. Obviamente de todas ellas la única realmente efectiva es la Administración Participativa porque permite capitalizar la experiencia de todos los integrantes del grupo, se actúa siempre en total justicia, se ahorra tiempo en explicaciones y se logra el consenso y el apoyo irrestricto de todos.  

Si nuestros administradores públicos quieren ser recordados y admirados, deben actuar en total justicia, obrar siempre en forma participativa, dialogando antes de tomar las diferentes decisiones, evitando los berrinches y los autoritarismos, y, lo que es más importante, obrando siempre en total consonancia con la ética y con las Leyes y la Constitución.

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