martes 30 de marzo de 2021 - 12:00 AM

La autopista hacia el sur del área, cada vez más cerca del caos permanente

La autopista parece no tener responsable por lo que en ella ocurre, porque depende de cada municipio que toca, del Área Metropolitana de Bucaramanga y de la Nación, en unas competencias inciertas, que sirven para diluir la responsabilidad...
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La paralización del tránsito por más de dos horas en la autopista Floridablanca-Piedecuesta ocurrida en la mañana del pasado domingo no es sino un capítulo más en la historia, podríamos decir que de horror, que desde hace varios años vive la cada vez más numerosa población que diariamente depende de esta vía porque vive en cualquier punto entre Bucaramanga y Piedecuesta y tienen esa como su ruta obligada para desplazarse.

Cientos de miles de personas y vehículos en los últimos años se han convertido en usuarios cotidianos de la autopista, que ven cómo en lugar de proyectarse soluciones para la ampliación de esta vía y la construcción o adecuación de alternativas eficientes, sobre las proyecciones de crecimiento hacia el sur que tiene el área metropolitana, se sigue asumiendo un diario vivir, cada vez más caótico y congestionado, a la espera de una crisis apremiante que obligue a plantear soluciones coyunturales, que suelen ser las menos recomendables.

La transitabilidad por la autopista Bucaramanga-Floridablanca- Piedecuesta es cada vez menos fluida y el mínimo inconveniente que ocurra en sus carriles se convierte en un obstáculo insalvable para miles de personas que quedan atascadas en largas filas de vehículos, prácticamente sin vías alternas para recuperar la movilidad. Basta un choque simple, o el infaltable percance con una moto, que se ha convertido en el pan diario de esta vía, para que todo colapse.

La autopista, además, parece no tener responsable por lo que en ella ocurre, porque depende de cada municipio que toca, del Área Metropolitana de Bucaramanga y de la Nación, en unas competencias inciertas, que muchas veces sirven para diluir la responsabilidad sobre hechos que son administrativa o penalmente punibles, o para disimular la negligencia o la ineptitud de quienes, como dijimos, deberían trabajar hoy en la solución de los problemas que ya muestran el cercano futuro caótico que le espera a esta vía.

Quizás por todo esto es que la prensa y la ciudadanía se encuentra con respuestas que desconciertan, que denotan o desconocimiento de los funcionarios o una absoluta arrogancia, como lo sucedido el domingo, cuando los responsables se negaron a dar información sobre los hechos que generaron la caída de los postes de luz y que llevaron al descomunal trancón. Preguntadas las causas del colapso, se limitaron a decir que eran “reserva del sumario”.

La abusiva respuesta pretende ocultar a la ciudadanía lo que es público, lo que constituye un atentado contra la libertad de prensa y el derecho ciudadano de conocer las acciones de los funcionarios o los sucesos que afectan su entorno.

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