viernes 08 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

La caída del muro de Berlín

Muchas tareas dejó pendientes la generación que derruyó el muro de Berlín a las generaciones siguientes. Depende de cómo éstas asuman sus responsabilidades históricas, marcharán las cosas en Europa
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El 9 de noviembre de 1989, dentro de un cúmulo de hechos que en los años ochenta del siglo XX modificaron el mapa europeo pactado al terminar la Segunda Guerra Mundial, ciudadanos de Alemania Oriental (DRA-República Democrática de Alemania) derrumbaron el muro de Berlín, ese que a lo largo de 155 kilómetros había sido levantado con concreto y alambradas en 1961, para impedir que los habitantes de la RDA pudieran salir de su país y se había convertido en el símbolo de la división entre los países de Occidente y los comunistas del este de Europa.

El mapa geopolítico pactado a mediados de los años cuarenta del siglo XX se desmoronó 40 años después, impulsado por las reformas impuestas en la Unión Soviética por el gobierno de Mikhail Gorbachov: apertura (Glasnost) y reconstrucción (Perestroika), que sirvieron de pie de estribo para reformas democráticas en Polonia, Hungría, Checoeslovaquia, Rumania y otras naciones.

Los habitantes de la RDA desde mediados de 1.989 presionaron al gobierno de Berlín Oriental, logrando derrocar a Erich Honecker como jefe de Estado y forzando a su sucesor, Egon Krenz, a dialogar con activistas de los derechos civiles. El 4 de noviembre hubo una inmensa manifestación en Berlín Oriental y cinco días después, el 9 de noviembre, el gobierno comunista de la RDA anunció cambios en el estricto régimen de viajes a Alemania Occidental. Al enterarse de ello, el pueblo de Berlín Oriental se lanzó a las calles y derruyó el muro que separaba las dos Alemanias.

Ello llevó al derrocamiento del régimen comunista en la RDA y provocó la reunificación de las dos Alemanias en 1990. En tanto, se democratizaron Polonia, Hungría Checoeslovaquia, Rumania, entre otras naciones, colapsó y se disolvió la URSS.

Cambiaron entonces las relaciones de poder en el mundo, aflorando nuevos desafíos para la humanidad, pues las cosas en la cultura, la política y los pueblos no desaparecen de la noche a la mañana, sino que se elaboran generación tras generación.

Muchas tareas dejó pendientes la generación que derruyó el muro de Berlín a las generaciones siguientes. Depende de cómo éstas asuman sus responsabilidades históricas, marcharán las cosas en Europa, Occidente y el planeta, ese que hoy anhela una sociedad más respetuosa, equitativa y amable con la naturaleza.

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