martes 11 de junio de 2019 - 12:00 AM

La ciencia embolatada

Pretender entonces eliminar ese 10% que debe ir a la ciencia significa golpear mortalmente a ese sector, pues se va a encontrar ante la imposibilidad total para poder cumplir con el auspicio del fomento del conocimiento y de la capacidad de crear alternativas de desarrollo.

Muchas voces han surgido por estos días, a manera de desconcierto, y desde luego de protesta, por el pretendido Acto Legislativo que intenta eliminar la obligatoriedad de disponer del 10% de las regalías para ser aplicadas al fomento de la ciencia.

Hoy el desarrollo de los países se mide por la capacidad para crear, para desarrollar la ciencia en los objetivos del crecimiento humano, aplicado a todas las actividades posibles del ser, y lo demuestran los presupuestos de los países que se encuentran empeñados en honrar ese objetivo, tales como los afiliados a la Ocde, que en promedio comprometen el 2,7% de su PIB en este objetivo. Esta cifra contrasta dramáticamente con lo asignado en Colombia, en donde apenas se llega al 0,27%.

La plata de las regalías resulta ser el rubro más controvertido del presupuesto nacional, pues va a parar, en su mayoría, a unas regiones absolutamente incompetentes en la ejecución del gasto y esos dineros terminan en elefantes blancos, obras suntuarias y en una posibilidad alarmante de corrupción. Incluso, muy recientemente se tuvo que adicionar el presupuesto de este año, con la monumental suma de $30 billones, dineros que se habían dejado de ejecutar en otras vigencias.

Pretender entonces eliminar ese 10% que debe ir a la ciencia, significa golpear mortalmente a ese sector, pues se va a encontrar ante la imposibilidad total para poder cumplir con el auspicio del fomento del conocimiento y de la capacidad de crear alternativas de desarrollo.

Y llega esa noticia, ahora que se acaba de crear un ministerio para que se encargue del tema, y cuando el propio Gobierno ha creado la denominada Misión de Sabios, para que se encargue de diseñar los lineamientos para el impulso del sector.

De aprobarse esa iniciativa, deberían estos dos entes eliminarse, pues para qué sabios generando ideas que nunca se irán a cumplir, y para qué ministerio sin recursos, operando únicamente en el pretendido empeño de incrementar una nómina burocrática.

La ciencia merece respeto, y también lo merecen todos aquellos colombianos que dedican su vida al estudio y a la capacidad de generar alternativas para asignar valor agregado a los ideales del crecimiento.

Si la riqueza de nuestro subsuelo no ha de servir, aunque sea en mínima parte para desarrollar estas alternativas, será mejor que ese patrimonio quede allí enterrado, a espera de una mejor sensatez de nuestra clase dirigente, que no ve otra cosa que la oportunidad de convertirla en un botín.

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