martes 04 de octubre de 2022 - 12:00 AM

La ciudad debe volver a ser amable y segura

Y si el peatón está expuesto a toda clase de incomodidades, esfuerzos y riesgos, qué podríamos decir de las personas en condición de discapacidad, que tienen que enfrentarse diariamente a una ciudad francamente hostil, que no cumple, ni en una mínima parte, con las normas legales que existen al respecto

Entre todas las personas que actúan, para bien o para mal, dentro del caos de tránsito, uso del espacio y la infraestructura pública en Bucaramanga, el peatón es el último en importancia, tanto para las autoridades, como para los conductores y esto hace que sean los más expuestos a sufrir graves o mortales accidentes, bien porque son embestidos por algún vehículo, o porque sufren caídas en los andenes, puentes, cruces viales o esquinas en las que los elementos del mobiliario o piezas de la infraestructura de la ciudad están en malas condiciones o sencillamente no existen.

Y si el peatón está expuesto a toda clase de incomodidades, esfuerzos y riesgos, qué podríamos decir de las personas en condición de discapacidad, que tienen que enfrentarse diariamente a una ciudad francamente hostil, que no cumple, ni en una mínima parte, con las normas legales que existen al respecto. Sólo en casos excepcionales se ven rampas en andenes o para el acceso a las edificaciones públicas y privadas, ascensores, elevadores en buses del transporte público, señalización en andenes para invidentes, señales auditivas en los semáforos, etc.

En lugar de eso, tenemos una ciudad que carece también, en gran cantidad de lugares, de los puentes peatonales necesarios para proteger la integridad y la vida de las personas, sumado a que muchos de los existentes están abandonados y otros tantos no se usan por el peligro que representan por la inseguridad dominante. El parqueo irregular en zonas concurridas como el Centro, Cabecera, la Ciudadela, las universidades, centros comerciales, plazas de mercado, además de la invasión de los andenes, que se da simultáneamente, obligan al peatón a una lucha en el asfalto, en extremo peligrosa, con toda clase de vehículos y conductores que, por lo general, los desconocen o, directamente, los agreden para conservar, a la fuerza, la prioridad en el tránsito.

Entre tanto, prácticamente ningún gobierno pone al peatón entre sus prioridades, pensando en hacer una ciudad amable y segura para quienes la recorren a pie. Ni la infraestructura se ha adecuado para todos los tipos de peatones, ni se ha trabajado en los elementos para hacer más seguras las aceras, por ejemplo, y el resultado es aún peor si se mira la incapacidad que demuestra la autoridad para despejar andenes y calles de toda clase de invasores. Por razones como estas se hace necesario que salgamos de la ciudad anárquica y agresiva que tenemos hoy para regresar a la ciudad bonita y cordial que fuimos hasta hace no mucho tiempo.

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