lunes 16 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

La corrupción en nuestra historia reciente

En tanto, los corruptos han desarrollado metodologías sofisticadas, eficaces, para esquilmar los recursos del Estado. Al país le ha faltado disciplina, perseverancia y método para lograr éxitos contra tal flagelo.
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El país lleva años abrumado por la corrupción que hay en todos los sectores y niveles de la comunidad, tanto en el sector público como en el privado y, en épocas electorales, las especulaciones sobre tal fenómeno en la política se multiplican exponencialmente.

Se habla de la corrupción como si ella fuera algo nuevo en Colombia pero como señalan juiciosos estudios, comenzó en los años 50 del siglo XX como “mercado de votos, puestos y contratos”; pronto adquirió gran fuerza y sofisticación.

Electoralmente se basa en un grupo de personas que apoyan una candidatura a determinado cargo de elección popular y dicho aspirante sabe que para ser elegido debe obtener el apoyo financiero que sea necesario entre contratistas estatales y personas con capacidad económica, cualquiera que sea su procedencia. Candidato, red de interesados y financiadores de la campaña, saben que deben recurrir a mañas y a “la compra” de votos a través de un costoso eslabón en la telaraña electoral, los “líderes locales”.

Si el candidato triunfa electoralmente, paga los “favores” electorales haciendo nombramientos en cargos estatales y canalizando la contratación estatal hacia ciertos contratistas a quienes les pide, a cambio, abultadas comisiones. Desafortunadamente ha aumentado agudamente el número de participantes en las redes electorales y de beneficio del poder a nivel municipal, departamental y nacional; muchos logran un excedente de acumulación de dinero por tal vía.

El embrión de tan perniciosa forma de hacer política electoral brotó en un momento histórico significativo, el Frente Nacional y en la medida en que los ingresos del Estado han aumentado por razón de impuestos, regalías, bonanzas cafeteras y minero-energéticas, se ha enraizado más tal “mercado de votos, puestos y contratos”. El crecimiento de la economía, el habernos vuelto país de ciudades, ha hecho que los principales canales de ascenso e inclusión social y económica sean la educación y la política. En tanto, la lucha del Estado contra la corrupción ha sido inferior e ineficaz frente al tamaño y fuerza de ella.

Ejemplo amargo es lo ocurrido con la consulta anticorrupción de 2018. Fue un espasmo bien intencionado. En tanto, los corruptos han desarrollado metodologías sofisticadas, eficaces, para esquilmar los recursos del Estado. Al país le ha faltado disciplina, perseverancia y método para lograr éxitos contra tal flagelo.

editorial
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