sábado 19 de septiembre de 2009 - 10:00 AM

La corrupción, mancha que crece cada vez más

No hay lugar del territorio nacional ni escenario alguno, que no ponga en evidencia que en Colombia la corrupción ha llegado a niveles no imaginados. Ella es ya un hecho generalizado en las estructuras estatal y privada y nadie la enfrenta en la medida que tal fenómeno exige. Todos los ciudadanos, en las situaciones más disímiles, aceptan que ha desbordado toda medida.

La corrupción es el uso ilegítimo y arbitrario del poder público y privado para el beneficio de alguien en particular. Si bien es uno de los fenómenos más antiguos de la vida en comunidad, su crecimiento y raíces han llegado a honduras insospechadas y es de tal calado, que se puede afirmar que se ha convertido en un fenómeno socialmente consentido, frente al cual la comunidad es laxa.

La corrupción tiene consecuencias que causan gran daño social. Es el arma más apta para consolidar y atornillar en el poder a élites políticas y económicas, a grupos de presión y logra neutralizar la pérdida de credibilidad y de legitimidad de un gobierno, hundiendo a la comunidad en un estado de sopor. Los estudiosos del comportamiento político y social saben que a mayor grado de desprestigio de un gobierno, aumenta la corrupción pues es el puente que se tiende para permanecer dirigiendo el Estado.

Los gobiernos que caen en la charca de manipular a la sociedad y los hechos políticos a  través de la corrupción, quedan atrapados en la trampa de que ésta muta en la única forma de lograr aprobar leyes y aplausos. Por eso multiplican su cultura.

Pero la corrupción no se asienta en una sociedad si en el tejido social no hay una actitud tolerante y complaciente con ella. Cuando la comunidad tiene valores éticos y morales, logra impedir que ella gane espacio, pero si la ciudadanía acepta expresa o tácitamente los privilegios de que hacen gala los corruptos, esa mirada indiferente se convierte en el mejor multiplicador de tan grave mal social y económico.

La corrupción impide que la comunidad logre bienestar, progreso social y mejores opciones de vida. Absorbe todos los recursos que tiene el Estado e impide que lleguen a los sectores más necesitados de políticas inteligentes para que cada día haya menos inequidades.

Por eso en este momento, cuando quienes aspiran a llegar a la Presidencia están comenzando a esbozar sus propuestas, es necesario no solo que digan que van a luchar contra la corrupción, sino que expongan a profundidad qué políticas reales implantarán para que ella no siga siendo un terrible tumor canceroso que pudre todo el cuerpo nacional.  

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