lunes 29 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

La corrupción se combate con leyes, pero sobre todo con educación

Es la educación desde las tempranas edades, la formación de valores ciudadanos y el reconocimiento del interés general en la suerte de toda propiedad pública, lo que puede hacer que en lugar de la permisiva actitud generalizada sobre el delito, se instaure el sentido del cumplimiento de las leyes...
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Avanza ya hacia su último debate en el Congreso de la República, el proyecto de ley que “adopta medidas de transparencia, prevención y lucha contra la corrupción”, una iniciativa, sin duda ambiciosa, que ha sido liderada por la Comisión Nacional de Moralización, que considera que por esta vía se puede combatir y, aún más, evitar la corrupción en el país y aunque establecer normas que favorezcan el control de conductas delictivas entre los funcionarios contribuye al propósito dicho, lo cierto es que, por sí mismas, estas leyes poco pueden hacer por remediar una situación que en Colombia, en los últimos años, ha llegado a niveles antes desconocidos.

En efecto, se corre hoy el riesgo de que esta nueva ley, de llegar a aprobarse, tenga la misma suerte de casi todas las anteriores con la misma inspiración, y es la de su inoperancia, una vez caiga en el pantanoso campo de la realidad nacional, en el que el avance de la inmoralidad es tal, que la actitud recta de los funcionarios es la excepción correspondiente a unos muy pocos.

Pero, además, no solo sufrimos el impacto devastador, en términos éticos y económicos, de la corrupción de quienes deciden sobre los bienes y dineros públicos, sino que tenemos que ver también los órganos de control en manos, en muchos casos, de verdaderos campeones de la deshonestidad, sobre todo en los niveles departamentales y municipales. Todo esto, poco a poco, ha ido tejiendo una densa red que asegura la impunidad a los infractores y hace cada vez más redituable en términos de dinero y de votos, el asalto a las arcas y las propiedades del Estado.

Leyes como la que próximamente, casi con seguridad, se aprobará, crean la sensación de que se está actuando contra la corrupción desde el legislativo y el ejecutivo, cuando en realidad todo el asunto se convierte prácticamente en un sofisma en tanto la ley por sí misma termina siendo inane frente a lo que se requiere corregir, y es una lesiva cultura del delito al interior de las instituciones públicas y un intrincado sistema de impunidad con el que operan los órganos de control. Es la educación desde las tempranas edades, la formación de valores ciudadanos y el reconocimiento del interés general en la suerte de toda propiedad pública, lo que puede hacer que en lugar de la permisiva actitud generalizada sobre el delito, se instaure el sentido del cumplimiento de las leyes y la protección de todo lo que nos es común.

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