viernes 15 de enero de 2010 - 10:00 AM

La crisis del sistema oral acusatorio

Hace dos meses se publicaron estadísticas sobre la marcha  del sistema oral acusatorio en los procesos penales, el que hace 4 años entró en vigencia parcialmente en el  país. En ellos, muchos analistas concluyeron, apresuradamente, en blanco y negro, que era exitoso.

Hoy, como consecuencia de las decisiones judiciales tomadas y la liberación (hasta anteayer) de 31 militares que supuestamente participaron en esos horrendos crímenes llamados 'falsos positivos', aplicando la figura procesal del 'vencimiento de términos', apresuradamente se grita que el sistema oral acusatorio ha fracasado.

Sobresale el comentario divulgado por la Casa de Nariño que manifiesta, palabra más, palabra menos, que debe abolirse la institución de 'vencimiento de términos' para tal tipo de procesos.

Recordemos que la calentura no está en las sábanas. ¿Por qué? Porque la entrada en vigencia del sistema oral acusatorio ha puesto en evidencia fenómenos que deben mirarse con serenidad.

Es cierto que a algunas instituciones del sistema oral acusatorio en materia penal se les debe someter a análisis y revisión para adecuarlas más a nuestro comportamiento cultural y valores, pero eso no es todo, ni puede ser decidido precipitadamente.

El sistema oral ha demostrado que nuestros abogados, jueces, fiscales, Facultades de Derecho y la sociedad misma no están culturalmente preparados para actuar adecuadamente dentro de su universo. Ello es un choque lógico pues fue implantado hace muy poco y llevamos cinco siglos adquiriendo valores culturales muy distintos, los que no se pueden archivar de hoy para mañana, como se hizo con las máquinas de escribir ante la irrupción de los computadores. La cultura es otra cosa.

Nuestra comunidad, equivocadamente, considera inteligente a quien es avispado y mañoso. Creemos que nuestro abogado es bueno si dilata y entorpece la marcha de la justicia, no si conoce de pruebas, de teoría jurídica y de jurisprudencia. Ese  comportamiento social hay que cambiarlo y ello no sucederá en un abrir y cerrar de ojos.

Debe revisarse el conocimiento que se imparte en las Facultades de Derecho, el cómo se estructura la mente de los abogados y se les dan aptitudes, herramientas jurídicas y valores para su vida profesional. Hay fallas en el modelo de los abogados, fiscales y jueces que producimos.

Hay que revisar muchas cosas y ello no puede hacerse precipitadamente, sin tino. Es fácil decir que fallaron los jueces y abogados, sancionar a algunos chivos expiatorios, pero el problema seguirá creciendo bajo la superficie.

Ojalá haya sensatez en la toma de decisiones sobre la crisis, ya que aún no ha hecho erupción la del sistema oral en los procesos laborales y en poco tiempo se implantará para los procesos civiles y administrativos.

 

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