jueves 26 de marzo de 2020 - 12:00 AM

La crisis exige medidas metropolitanas para una realidad metropolitana

Un solo tratamiento de la crisis, con una mesa en la que estén el gobernador, los alcaldes del área metropolitana y autoridades de salud y policía, al menos, tomando decisiones rápidas, coherentes y sostenibles en el tiempo de la emergencia, es el mínimo que esperamos de nuestros dirigentes.
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Son varias las causas de la desobediencia ciudadana al aislamiento preventivo obligatorio: la necesidad alimentaria de miles de personas cuya condición de enfermedad, edad o pobreza extrema, entre otras, los obliga a buscar en la calle su supervivencia, o la angustia de los vendedores informales que derivan de la calle el ingreso diario para su familia, por ejemplo. Esta es una población numerosa para cuya situación de extrema urgencia el gobierno nacional ha anunciado las medidas que tomará, aunque los hechos no se han producido aún.

Pero, también están los centenares de personas que han violado el confinamiento sin una necesidad imperiosa que lo explique y esto se ha dado, entre otras razones, por el hecho de que las normas que se dictan están ocasionando desconcierto y caos. Pero, además de este desorden normativo, los habitantes del área metropolitana sufrimos una vez más los perjuicios de la terquedad de los gobernantes que, ni siquiera en esta situación aceptan que somos una unidad habitacional, que miles de personas se desplazan diariamente por dos o tres municipios, solo para ir a su trabajo. Desconocen esto, o se niegan a ceder ante sus celos de poder y protagonismo, para sentarse todos a una misma mesa, en igualdad de condiciones y ante la gravedad y urgencia de la situación tomar determinaciones conjuntas, que favorezcan el cumplimiento del aislamiento social y al mismo tiempo den posibilidad de abastecimiento tranquilo a todos.

Es imposible entender que ni siquiera una eventualidad tan crítica como la actual, cuyo manejo erróneo puede provocar en las próximas semanas decenas o centenares de muertes en el área, sea capaz de mover las pesadas maquinarias oficiales en favor de la salud pública. Un solo tratamiento de la crisis, con una mesa en la que estén el gobernador, los alcaldes del área metropolitana y autoridades de salud y policía, al menos, tomando decisiones rápidas, coherentes y sostenibles en el tiempo de la emergencia, es el mínimo que esperamos de nuestros dirigentes. Si no logramos que las personas observen el confinamiento estrictamente, antes de lo que pensamos podremos estar en índices de letalidad similares a Italia o España. No es posible que en una circunstancia como esta tengamos a algo más de un millón de personas que conviven en una misma realidad metropolitana, dirigidos por cuatro alcaldes y un gobernador, cada uno con su propio libreto. La historia nos mostrará más temprano que tarde los errores y los responsables de lo que vaya a ocurrir.

editorial
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