miércoles 25 de febrero de 2009 - 10:00 AM

La decadencia del Centro

El foto-reportaje publicado por la página local de este diario el lunes pasado, es contundente. No da lugar a dudas.

El centro de Bucaramanga se desmorona a pedazos todos los días y no ha habido por años ni hay por el momento, autoridad municipal, sanitaria o de tránsito que se haga cargo del problema.

Por cuestiones de espacio, sería prácticamente imposible describir con precisión en esta columna todos y cada uno de los síntomas de deterioro que sufre tan importante zona de la ciudad. Sin embargo, sí vale la pena repasar algunos de los estragos que quedaron plasmados en las fotos publicadas por Vanguardia Liberal.

El problema de las basuras, por ejemplo, no da más espera. Algunas de las vías principales como la Quebradaseca se han convertido en botaderos ambulantes, ante los ojos impávidos de las autoridades que no hacen el más mínimo esfuerzo por sancionar a los responsables. De hecho, son prácticamente todas las calles de la zona las que permanecen inundadas de desperdicios producto de la falta de civismo de los vendedores ambulantes y algunos sectores de la ciudadanía, quienes arrojan basuras en las vías sin que un policía, muchas veces presente, los reconvenga por su accionar.

Otro de los problemas graves que aquejan a la zona, viene por cuenta del pésimo estado de las calles, que compiten entre ellas por ver cuál tiene los huecos más grandes, profundos y sobre todo, antiguos.

Y es precisamente ese problema de los huecos, uno de los muchos ingredientes de esa receta funesta que mantiene el tráfico de toda el área prácticamente paralizado y en estado de caos crónico.

En la actualidad, no hay hora del día en la cual no haya congestión por cuenta del pésimo estado de las calles, la indisciplina de innumerables conductores, el exceso de rutas de buses y la avenencia del cuerpo alféreces.

Al listado anterior es necesario sumarle la ausencia de andenes, la contaminación visual, sonora y ambiental, las casas a punto de derrumbarse, los vendedores ambulantes y una explosión demográfica de habitantes de la calle jamás vista en la historia de la ciudad.

En resumidas cuentas, el centro está moribundo y las promesas de quienes podrían sanarlo nada que se hacen realidad. ¿Hasta cuándo?

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