lunes 05 de octubre de 2009 - 10:00 AM

La decisión gubernamental sobre el DAS

Vanguardia Liberal no había comentado editorialmente la propuesta gubernamental de liquidar el DAS y repartir sus funciones entre varias entidades de inteligencia y de policía judicial estatales, porque si bien la administración Uribe Vélez anunció su propósito de disolver tal agencia estatal, se desconocía a cabalidad el texto del proyecto, su continente y su contenido. Hoy ya hay elementos de juicio y se puede analizar lo planteado.

El problema del DAS no radica en sus raíces, ni en las funciones que le fueron adscritas cuando fue creado por el gobierno Lleras Camargo. Quien estudie la estructura que inicialmente se le dio, se percata que ella fue correcta y que su filosofía era el ser una agencia de inteligencia estratégica civil.

Lo ocurrido en el seno del DAS, que no sólo debe ser censurado sino repudiado, es consecuencia de orientar mal la labor que debía desarrollar tal dependencia, es decir, es error humano, no de otro orden. El haberle injertado funciones que no le competían, relacionadas  con el manejo del orden público interno, con el servicio de escoltas y de seguridad de personalidades del mundo político y de la diplomacia, fue equivocado. Y a ello se sumó el haber designado a personas de oscuro perfil como cabezas administrativas suyas.

Es decir, el problema no es de origen, ni fondo, sino humano. El DAS cayó en la charca de cumplir funciones de policía política por pecados de quienes influyeron en sus directores y por el perfil mismo de éstos.

Si frente al DAS hubiera estado alguien con criterio, no habría habido  ‘chuzadas’. Si tal agencia de inteligencia estratégica no hubiera sido dedicada a proveer escoltas de personalidades, otra hubiera sido su suerte.

Y nada de lo anterior se soluciona en la propuesta gubernamental llevada a estudio del Congreso de la República.

Hace algunas semanas un columnista de opinión expresó, con razón, que la decisión presidencial era semejante a aquella del conocido cuento del marido víctima de la infidelidad de su esposa que vendió el sofá escenario de los devaneos buscando así poner fin a la conducta ligera de su cónyuge. Y a esa conclusión llega quien analice el proyecto de ley llevado por el gobierno al Congreso.

Lo contaminado en el DAS es la filosofía de quienes la han dirigido y de quienes han tenido injerencia en las tareas de inteligencia que cumple.

¿Acaso cerrando el DAS se va a terminar con ese proceder propio de dictaduras del corte de la que hubo hasta hace pocas décadas en la ya desaparecida Alemania Oriental? No, ese proceder queda enterrado si frente a la agencia de inteligencia de la Presidencia no se nombra a personas tan oscuras como Jorge Noguera, o Miguel Narváez.

La propuesta presidencial no es una acertada solución al problema. Ella no soluciona nada de fondo, lo que probablemente pretende es poner fin a señalamientos incómodos.

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