lunes 02 de agosto de 2021 - 12:00 AM

La delincuencia sigue rondando la protesta social en Bucaramanga

La protesta mantiene el interés de un amplio número de colombianos, pero pierde cada día más respaldo debido a estos personajes que la desvirtúan por completo. Ojalá en el caso de Bucaramanga las autoridades logren establecer y probar con toda claridad la identidad de quienes han estado camuflándose en las marchas para llevar a cabo sus delitos y que se pueda así neutralizar su accionar
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Como lo advertimos hace varias semanas desde este espacio editorial y lo hicieron igualmente, incluso dirigentes de izquierda en Colombia, la protesta social podría degradarse si no encontraba una vocería que la representara y la encausara, no solamente para tramitar sus reclamos hacia el alto gobierno y dar mejores posibilidades a sus objetivos, sino también porque con ese liderazgo visible podrían separarse claramente de los grupos que en todo el país la han infiltrado y la han utilizado con fines vandálicos y, más que eso, delincuenciales.

En Bogotá y Cali se han dado la mayor cantidad de denuncias por la presencia de saboteadores que incurren en ataques contra la policía, contra civiles y también contra el mobiliario público o contra locales comerciales, pero Bucaramanga no ha estado exenta de estos actos aleves y vimos desde el comienzo de las marchas, que ellas concluían en asonadas y embestidas de grupos de personas que buscaban crear un caos que, casi siempre, usaban como distracción para asaltar y hurtar en distintos tipos de establecimientos públicos y privados.

Si bien estos actos han ganado el rechazo general, lo ocurrido en la noche del miércoles de la semana pasada cuando, según la policía, por parte de un grupo que estaba en las protestas programadas para ese día, se atacó de nuevo el mobiliario urbano, tres establecimientos comerciales, quemaron árboles e hicieron bloqueos de calles, sucedió un hecho francamente irresponsable y peligroso por parte de quienes instalaron una cuerda metálica en una vía cercana al estadio Alfonso López, que atravesaba la calle y ponía en evidente peligro la integridad y la vida de quien, sin verlo, pudiera pasar por allí en una motocicleta.

Un ingeniero civil de 30 años que conducía una motocicleta perdió la vida en Bogotá, cerca al Portal de Las Américas, a finales de junio, al estrellar su cuerpo contra un cable atravesado en la vía en la misma forma en que lo hicieron en nuestra ciudad estas personas que, sean quienes sean, confunden las legítimas expresiones de descontento social con actos violentos que, como en este caso, bien puede resultar en hechos criminales. La protesta mantiene el interés de un amplio número de colombianos, pero pierde cada día más respaldo debido a estos personajes que la desvirtúan por completo. Ojalá en el caso de Bucaramanga las autoridades logren establecer y probar con toda claridad la identidad de quienes han estado camuflándose en las marchas para llevar a cabo sus delitos y que se pueda así neutralizar su accionar.

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