jueves 11 de marzo de 2010 - 10:00 AM

La dirigencia deportiva no es un juego

Lamentablemente por estos días se comprueba una vez más la incapacidad, negligencia e incluso la frivolidad de algunos representantes de la clase dirigente santandereana, que se contenta con arrellanarse en los sillones oficiales y dejar pasar el tiempo sin que el cumplimiento estricto de sus funciones y responsabilidades sea motivo siquiera de inquietud en su quehacer diario.

Algo de esto se ha visto, y varios lectores de este periódico así lo han señalado, en relación con la realización en nuestra ciudad del suramericano femenino de fútbol. El certamen atrajo al estadio Alfonso López a muchas personas que han estado alejadas del escenario por la ya larga cadena de derrotas del equipo de la casa, y ahora que regresaron se encontraron con unas instalaciones poco menos que vergonzosas, no sólo para los espectadores locales, sino, sobre todo, para quienes están visitándonos con motivo del torneo.

Para citar sólo dos casos, los asistentes denuncian que se encontraron con la silletería en mal estado y con un panorama general que demuestra que así como el Atlético Bucaramanga descendió su categoría, pareciera que hubiera sucedido lo mismo con los dirigentes deportivos locales. Por su parte, los dirigentes de la Conmebol casi nos quitan el campeonato a última hora, por el pésimo estado en que encontraron el camerino de los jueces.

Es inadmisible que las autoridades departamentales no se hagan responsables de este tradicional escenario deportivo y permitan que tenga que padecer en el mayor silencio los efectos catastróficos de unos funcionarios que parecieran interesarse por la nómina y el presupuesto mucho más que por los deportistas, sus escenarios e implementos.

Así las cosas, no debe extrañarnos que no se nos tenga en cuenta cuando aspiramos a que se nos seleccione, por ejemplo, como una de las sub sedes del campeonato mundial sub 20 que se celebrará en Colombia en 2011 y para el cual, en lugar de nuestra ciudad (que fue descartada desde un comienzo), acaba de elegirse a Cartagena, una sede que, a pesar de tener mucho menos tradición futbolística que la nuestra, seguramente sí supo presentar una propuesta compacta en la que tanto el atractivo turístico de la ciudad, como la calidad de su estadio, fueron suficientes para que la Fifa la aprobara sin mayores reparos.

Así fue como perdimos, ‘desde el primer round’ y gracias a la mediocridad de nuestra dirigencia deportiva, una gran oportunidad de fortalecer la imagen turística de Santander, un empeño en el que venimos jugándonos a fondo tanto el sector público como el privado. Y así mismo, claro, seguimos perdiendo todos los días la gran oportunidad de ofrecer a nuestros jóvenes una oportunidad digna y exitosa de hacer deporte y consolidarse como personas de bien.

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