domingo 18 de agosto de 2019 - 12:00 AM

La educación sí es el camino hacia la equidad de género

La educación sí ha demostrado que es el camino adecuado a seguir para modificar ciertas patologías sociales, como pueden considerarse las formas de violencia que se derivan del machismo.

Acaba de lanzar, esta semana, la Alcaldía de Bucaramanga una idea que, al menos por su planteamiento inicial, hace pensar que se ha enfocado adecuadamente uno de los problemas atávicos de nuestra cultura santandereana, como lo es el machismo en sus diversas y muy nocivas formas.

La estrategia que el municipio ha llamado ‘Nuevas masculinidades’, que hace parte del proyecto ‘Noviazgos saludables’, tiene como propósito final prevenir la violencia de género, y para ello le han incorporado componentes sobre temas que deben ponerse sobre la mesa como machismo, violencia intrafamiliar, relación de pareja y pautas de crianza.

En un país que ha vivido las cinco últimas décadas presenciando las expresiones más descarnadas de la violencia, suele proponerse contra las distintas formas de agresión, la opción punitiva, es decir, la necesidad de combatir la violencia imperante sugiere a quien propone una solución, únicamente la salida más autoritaria, cual es la de establecer toda conducta como delito y fijar para esos delitos, las penas más altas posibles.

Pero, aún cuando este tipo de planteamientos suelen tener buen recibo entre la mayoría de las personas, los hechos y las estadísticas demuestran que no es cierta la idea de que engrosar el Código Penal o alargar las penas contenga o reduzca la violencia y el delito en todas sus formas. Por el contrario, la educación sí ha demostrado que es el camino adecuado a seguir para modificar ciertas patologías sociales, como pueden considerarse las formas de violencia que se derivan del machismo. Esto hace que nos dé esperanza el planteamiento de la alcaldía, a través de la Oficina de la Mujer y Equidad de Género, al implementar la cátedra ‘Noviazgos saludables’ que, además, tendría el beneficio adicional de prevenir otro gran problema social como lo son los embarazos en menores de edad.

A fin de cuentas, además de mejorar la calidad de vida de los adolescentes en sus relaciones interpersonales, objetivo que, de por sí, es bastante positivo, esta estrategia, de mantenerse en el largo plazo, debería conseguir una significativa reducción de la violencia intrafamiliar, en tanto quienes conformen las nuevas familias estarían mejor preparados para ello, al estar capacitados para sostener relaciones más equitativas, respetuosas y amorosas, exentas de expresiones machistas, con una planeación adecuada de los embarazos y una idea mucho más acertada de cómo criar y educar a los hijos por venir, además de otros deseables objetivos sociales como el de avanzar en propósitos de equidad de género, que es, finalmente, el gran beneficio de toda esta idea.

editorial
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