jueves 01 de abril de 2021 - 12:00 AM

La Fiscalía no debe dejar dudas sobre sus decisiones

Lo único sano en este caso es que la Fiscalía, preferiblemente su propio jefe, responda con prontitud y exhaustiva claridad la duda generalizada sobre la transparencia y neutralidad de la imputación al exgobernador y despeje la desconfianza que tal decisión causó en la Nación...
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Una incomprensible imputación de la Fiscalía contra el exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo puso al país político en alerta general porque dejó la sensación de que se está usando esta entidad para influir indebidamente en las elecciones presidenciales de 2022, que han tenido un comienzo precoz, con una inusitada cantidad de aspirantes, lo que ha creado un ambiente de confusión y alta sensibilidad. La imputación, en palabras simples, implica a Fajardo por la firma de un contrato, durante su gobernación, cuyo monto se elevó tiempo después por efecto del incremento en la TRM del dólar.

De este hecho, prácticamente imprevisible, la Fiscalía deriva hacia el exmandatario antioqueño los posibles delitos de peculado por apropiación en favor de terceros agravado y contrato sin cumplimiento de requisitos legales. Expertos en derecho y economía señalaron ayer el desatino de la imputación, mientras los políticos de todos los partidos se solidarizaron con Fajardo y llamaron la atención sobre el hecho probable de que esté pensándose en una estrategia, que en varios países ha hecho carrera, de eliminar contendores políticos valiéndose de expedientes penales sin fundamento real, como ocurrió con Lula en Brasil, a quien este mes la Corte Suprema le anuló todas las sentencias en su contra por la operación Lava Jato.

En Colombia, el ejercicio de la política, de la protesta, de la oposición, es especialmente peligroso y de ello dan testimonio las muertes de líderes sociales y en décadas pasadas, de candidatos presidenciales. Por esto es sencillamente alarmante que podamos estar frente a una agenda no declarada de algún grupo de poder que esté actuando desde la Fiscalía con un código secreto para infiltrarse en el debate electoral y afectarlo indebidamente, lo que, obviamente, pervierte la política, pero también desprestigia aún más a la justicia, tan golpeada en estas últimas semanas por las condenas que empiezan a producirse por los casos del cartel de la toga, la mayor vergüenza de la rama en la historia.

Ojalá este no sea el caso en Colombia, pero la decisión sobre Sergio Fajardo puede ser un indicio de que tales estrategias existen en la tramoya de la política nacional. Lo único sano en este caso es que la Fiscalía, preferiblemente su propio jefe, responda con prontitud y exhaustiva claridad la duda generalizada sobre la transparencia y neutralidad de la imputación al exgobernador y despeje la desconfianza que tal decisión causó en la Nación sobre la posible parcialidad política de la entidad.

editorial
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