martes 04 de junio de 2019 - 12:00 AM

La fragilidad de nuestra infraestructura aérea

Este episodo del fin de semana muestra que aún estamos lejos de tener una óptima infraestructura aérea y que si bien hoy nuestro terminal aéreo ha avanzado de manera notable comparado con lo que existía en años anteriores, aún nos falta.

El sábado pasado, todo fue caos en el Aeropuerto Palonegro, que sirve a Bucaramanga y su área metropolitana. Cuando iniciaba el puente y miles de viajeros se disponían a disfrutar del festivo, una falla técnica en los equipos de comunicación de la terminal aérea ocasionó que el aeropuerto fuera cerrado durante 10 horas y que 13 vuelos fueran cancelados. Según se pudo establecer, el daño se produjo en un circuito que les permite a los controladores aéreos tener comunicación con los pilotos, lo que obligó a cerrar el aeropuerto por seguridad. Sobre las 4:00 p.m. se pudo restablecer el servicio aéreo, gracias a un repuesto que se trajo desde Medellín.

Decenas de viajeros perdieron sus conexiones o sencillamente perdieron sus viajes de fin de semana, pero algo quedó claro una vez más: la fragilidad de nuestra infraestructura aérea. El daño presentado este fin de semana es poco común, según afirman los expertos, y aunque ningún aeropuerto en el mundo está exento de una situación como esta, en lo que coinciden en afirmar los conocedores es que, por tratarse del corazón mismo de la operación aérea, normalmente en estos casos un aeropuerto debe tener un plan de contingencia, es decir, que si se labora con un radio, debe existir otro para remplazarlo de manera inmediata en caso de fallar, pues es necesario dar soluciones inmediatas a una operación tan crítica. Más si se trata de un aeropuerto que, como el Palonegro, tiene la categoría de internacional.

Los santandereanos somos testigos de cómo, de manera frecuente, nuestro aeropuerto debe ser cerrado por cuenta de la neblina o las lluvias, e inmediatamente toda la operación aérea debe ser reprogramada y cientos de viajeros se ven afectados. Son muchas las consecuencias de esta fragilidad en la operación, pues se pierden citas pedidas con meses de anticipación, tratamientos médicos, reuniones de trabajo, momentos que exigen la presencia inmediata de los viajeros, y un largo etc, sin que exista una opción para poder viajar, pues si se decide tomar la vía terrestre, al menos a Bogotá, que es el destino más frecuente, son horas de carretera, con tramos en mal estado, que jamás serán una alternativa frente a estas necesidades. Y no existe tampoco un aeropuerto alterno que permita algún tipo de opción.

Este episodo del fin de semana muestra que aún estamos lejos de tener una óptima infraestructura aérea y que si bien hoy nuestro terminal aéreo ha avanzado de manera notable comparado con lo que existía en años anteriores, aún nos falta. Y es una muestra más del aislamiento en el que vivimos los santandereanos.

editorial
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