jueves 09 de enero de 2020 - 12:00 AM

La gran estrategia

la relativa paz mundial aún depende del capricho de un puñado de hombres o de, como lo piensan también en Estados Unidos, la necesidad proselitista de un presidente candidato que cree necesitar de este tipo de estrategias para conseguir su reelección
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La alta tensión que en materia militar y política vivió el mundo en los últimos días, redujo bastante su intensidad ayer cuando, después de un bombardeo iraní contra enclaves norteamericanos en Irak, ambos países, Estados Unidos e Irán, entregaron declaraciones públicas para asegurar que ninguno pensaba en nuevas retaliaciones a los recíprocos ataques que se lanzaron, lo que diluyó, confiando en que se esté actuando con sinceridad, los vaticinios apocalípticos de quienes creyeron ver el nacimiento de una tercera guerra mundial.

Por algunas horas, ayer, el mundo prácticamente estuvo en las manos del presidente Donald Trump, cuya decisión de responder o no al ataque iraní, definiría en buena medida la suerte inmediata de millones de personas en varios continentes, circunstancia que llamó poderosamente la atención de analistas y opinadores de todo el mundo, pero particularmente de Estados Unidos, quienes mostraron de inmediato la preocupación porque asuntos de tanta entidad puedan quedar un día cualquiera al arbitrio de una sola persona, no tanto por el hecho de que existan vacíos legales al respecto, que parece no haberlos, sino porque esto demuestra que los Estados Unidos no cuentan con una clara estrategia nacional en estos asuntos.

Analistas especializadas en el tema militar como Elizabeth Cobbs y Kimberly C. Field lo declararon sin ambages ayer mismo, al afirmar que excepto en dos casos en toda su historia, en tiempos de George Washington y luego la Doctrina Truman en 1947 que buscaba detener los impulsos expansionistas de la entonces URSS, Estados Unidos no ha tenido esa gran estrategia que reúna el elemento militar y el político, cuando menos, una agenda que todos conozcan y sobre la que todos estén de acuerdo, para que tanto el presidente, como el congreso y el pueblo en situaciones como el ataque a las torre gemelas de 2001 o los sucesos de estos últimos días, sepan cuál es el camino a seguir y anticipar las decisiones que habrían de tomarse.

Estos ataques que, al parecer, quedarán en la historia como una simple refriega entre Irán y Estados Unidos, le muestran al mundo que, a pesar del avance tecnológico de los últimos tiempos, la relativa paz mundial aún depende del capricho de un puñado de hombres o de, como lo piensan también en Estados Unidos, la necesidad proselitista de un presidente candidato que cree necesitar de este tipo de estrategias para conseguir su reelección.

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