martes 07 de julio de 2009 - 10:00 AM

La guerra es por la paz

Colombia en los últimos meses ha sido escenario de algo que sobrecoge. Varios jefes del paramilitarismo, como Salvatore Mancuso, 'Don Berna', 'El Alemán' y otros más, han confesado ante la luz del mundo parte de sus crímenes y cómo en su accionar violento ha habido bien la coparticipación, o la complicidad, o el encubrimiento de políticos, terratenientes, empresarios y personalidades de diversas regiones del país. Sus relatos quitan el aliento. Con fluidez, sin atisbo de sentimiento de culpa, cada uno reconoce que directa o indirectamente ha causado miles de muertes. Y aquí ello no ha provocado  reacción alguna, ni siquiera una débil reflexión.

Los estadounidenses están inquietos porque varios de tales criminales están en cárceles norteamericanas y cada uno, individualmente, ha ocasionado más muertes de las que hubo en los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington. En tanto, en Colombia, ha habido un profundo y asfixiante silencio. Aquí nos sobrecogemos al leer la noticia de que un austríaco obligó a una hija suya a ser su barragana durante más de un cuarto de siglo y hacemos como las avestruces cuando nos percatamos que ese hecho, en varios sectores de nuestra comunidad es, desgraciadamente, más frecuente de lo imaginado.

Lo que pone en evidencia la confesión pública de varios jefes del paramilitarismo en que en nuestro país matar es un vicio, que la vida es un bien 'desechable', que asesinar es un servicio que se ofrece en el mercado y tiene demanda de 'compradores', es decir, es una oportunidad de negocios.
Y no solo lo anterior es grave, es más preocupante la actitud del ciudadano del común, para quien tiene más interés la última pataleta del político de moda que los terribles actos de violencia que hay a lo largo y ancho del país.

El desafío de la comunidad es que cada acto de violencia sea motivo de profunda reflexión social y la reacción a ello sea el escarbar en el universo de nuestros valores y comportamientos colectivos que es lo que está mal, qué es lo que debemos cambiar con urgencia.

La guerra que debe librarse al interior de nuestra sociedad es combatir la idea de que solo a través de la violencia encontraremos la solución a nuestros problemas, a nuestras demandas de justicia, a las numerosas inequidades que hay en la colectividad. Y desterrar esa incorrecta apreciación de que en el país la violencia es obra de unos pocos. La débil respuesta social a la violencia es el caldo el caldo de cultivo de que ella se nutre. Cada muerte es germen multiplicador de violencia.

Colombia es un país que lleva casi dos siglos preciándose de tener caros valores democráticos y demoliberales, pero nos atrae el autoritarismo, la represión y somos adictos a la intolerancia; en cada quien que no piensa como nosotros vemos un enemigo potencial. Eso debe cambiarse. Es necesario hacer de la paz una cultura. 

Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad