jueves 07 de marzo de 2019 - 12:00 AM

La historia seguirá su marcha en Venezuela

La situación política de Venezuela no logra estabilizarse y seguramente esta será una constante en los próximos años. Si damos crédito a la estrategia trazada por Estados Unidos y acogida por el Grupo de Lima, más tarde o más temprano Maduro caerá, disminuido por el cerco diplomático o por el económico que lo hace ver ya como un dictador acorralado, cada vez más lejano de las bases populares y de sus aliados de antes.

En cuestión de semanas o meses, entonces, a menos que logre concitar sobre sí apoyos que equilibren fuerzas con Estados Unidos, el pueblo venezolano se verá sin el chavismo en el poder (lo que es una novedad para casi dos generaciones), y frente a alternativas de gobierno, todas surgidas de la oposición al régimen caído, aunque cualquiera que sea la figura que llegue a Miraflores, lo que le espera a nuestros vecinos son algunas décadas más de sacrificios, porque la reconstrucción del país demandará de un largo período de trabajo en todos los sectores.

La desesperación de unos y otros, adentro y afuera de Venezuela, los ha llevado a pensar que el retiro de Maduro y su corte de las principales posiciones del Estado aliviará per se la situación extrema en la que se encuentra el país y no es así. El Estado y la sociedad toda demandan desde hace tiempo una revisión profunda. A Venezuela hay que volver a hacerla desde sus cimientos porque hay que comenzar por la Constitución misma, que ha sido banalizada para justificar la codicia del régimen.

Hay que recuperar toda la estructura del Estado: está en ruina el poder ejecutivo, socavado por la ambición sin límite de quienes han gobernado; está en ruina el poder judicial, sometido y violentado por intereses particulares; está en ruina el legislativo, reducido al papel de sirviente de esa especie de casta creada por el chavismo; y ni qué hablar de los poderes ciudadano y electoral, usados como simples marionetas del gobierno central.

Pero también la economía, la infraestructura, el tejido social, la cultura, la educación, los componentes subjetivos, humanos, también esenciales de una organización social, están desechos, sin que se vea cómo puedan recomponerse después de tanto despojo y desafuero oficial. El proceso histórico de dos décadas que trajo a Venezuela a la calamidad actual, implica otro, no menos complejo, que la rescate. Esperemos que, cuando esto suceda, quienes gobiernen tengan la capacidad y la grandeza que se requiere para restablecer la paz, el progreso y la equidad que espera y merece Venezuela.

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