viernes 20 de febrero de 2009 - 10:00 AM

La lección de César Gaviria

El país ha ido aceptando poco a poco un estilo de hacer política conforme al cual es de buen recibo no decidir las cosas, dilatarlas al máximo, esperar hasta el final. Eso hace que nadie sepa a cabalidad en qué momento de las definiciones se está.

Y buena parte de la opinión pública justifica ese modo de actuar.
Anteayer, César Gaviria le dio una lección al país que debe ser comentada, ya que sin protagonismo ni titubeos, en forma abierta y sin ambigüedades, dijo claramente que en el futuro inmediato no aspira a ningún cargo de elección popular.

La lección produjo sosiego porque se dio de cara al sol y puso en evidencia que el país tiene derecho a conocer las aspiraciones reales de sus dirigentes y éstos, a su vez, tienen la obligación de decirles a sus conciudadanos a qué aspiran.

Las repercusiones de su decisión son amplias. El partido que el ex presidente Gaviria dirige amaneció ayer con un horizonte limpio. Sabe que nuevos dirigentes que aspiran a hacer su propio camino, propondrán sus nombres a la ciudadanía para que ella decida si los acoge o no, bajo un cielo sin nubes que tiendan un manto de inseguridad a sus propuestas, ni haya amenaza de tormenta por el choque de vientos cruzados.

Colombia tiene derecho a saber desde ahora quiénes aspiran a la presidencia de la República y quiénes no, quiénes son realmente los que proponen sus nombres y presentan proyectos de gobierno y quiénes no van a estar en la puja electoral. ¿Por qué? Porque lleva más de un año en la incertidumbre y eso afecta el ambiente político, la vida económica, el aire que respira el país, el ánimo de los ciudadanos.

César Gaviria tomó el camino de los demócratas. Decidió seguir en su papel de guía y árbitro de los que emulan por representar al partido y le dio a su colectividad certeza. Y al hacerlo, fortaleció las instituciones.

Distinto es el panorama en otras toldas políticas. El Partido Conservador pide que quienes aspiran a ser candidatos suyos propongan sus nombres pero, ¿y si mañana hacen alianza y se adopta el nombre de alguien que no sea conservador? Por eso el desafío de cada precandidato es como la lucha de Don Quijote contra los molinos de viento y sus propuestas no calan, pues nadie sabe si irán o no hasta el final.

Lo mismo le pasa en el seno del partido de la U pues, ¿qué pasa si el señor Presidente decide aspirar a un tercer período? Y mientras eso no se decida de cara al sol, nadie toma en serio las propuestas políticas de sus precandidatos. 

En tanto, en el partido Liberal hay certeza y se disipó la incertidumbre.

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