miércoles 17 de junio de 2009 - 10:00 AM

La lección de Hermosillo

Hace 11 días, el pasado 6 de junio, en Hermosillo (México), a plena luz del día perecieron 44 infantes, unos por asfixia y otros incinerados, quienes permanecían en una guardería mientras sus padres trabajaban en sus menesteres cotidianos. El hecho conmovió al mundo por la forma como ocurrió y por todo lo que luego se supo sobre la falta de previsión y descuido que había en tal lugar.

Nadie ha señalado que el incendio del inmueble donde funcionaba la guardería fuera provocado con un propósito criminal, pero ha impactado que  dicho predio no había sido previa y oportunamente adecuado para que estuvieran en él durante 8 ó 10 horas diarias medio centenar de infantes pues  no reunía las condiciones de higiene que eran de desear, no tenía equipos aptos para enfrentar una emergencia como la que se presentó, en los predios vecinos se llevaban a cabo actividades empresariales peligrosas para que en sus cercanías funcionara una guardería y los adultos que cuidaban a los menores no estaban entrenados para actuar en un hecho como el ocurrido, además no tenían la capacitación suficiente para manejar airosamente la convivencia y atención de tantos niños de esas edades.

¿Cuál ha sido la razón que explica la cadena de conductas y procederes irresponsables de los dueños de la guardería? Que en México ellas son un negocio más, manejado insensatamente y sin control eficaz, como ocurre con tantas actividades empresariales en Iberoamérica.

Ese es el punto que debería hacer que en Colombia  se prendieran las alarmas, pero desafortunadamente ello no ha ocurrido. ¿Por qué tocar timbres de alarma? Porque en nuestro país la inmensa mayoría de padres de familia de niños que están en la primera infancia trabajan y deben tener a sus hijos en guarderías que se abren al público y ofrecen sus servicios muchas veces en forma irresponsable. Es decir, porque en nuestro país las guarderías también son un negocio más y muchas funcionan en condiciones semejantes o aún peores a la de Hermosillo, donde ocurrió la desgracia comentada.

¿Cuántas guarderías hay en cada una de las principales 15 ciudades del país? ¿Cuántas de ellas llenan a satisfacción las condiciones de higiene, salubridad y aseo que recomiendan las autoridades de sanidad? ¿Cuántas cuentan con los equipos de prevención de incendios, los planes de evacuación recomendados y todo lo necesario para primeros auxilios?

Con seguridad que si se hace una inspección seria al respecto, los resultados sobresaltarán y habrá un gran bochinche que no terminará en nada pues pocos días después todo se habrá olvidado y tales lugares seguirán funcionando en condiciones tan precarias como la de Hermosillo.

En Colombia, desafortunadamente, las lecciones solo se aprenden con amargas lecciones, luego de que han ocurrido desgracias. Ojalá que en este caso no suceda lo mismo y nuestro país no sea escenario en el futuro de un drama como aquel a que nos hemos referido en este espacio editorial.

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