viernes 15 de enero de 2021 - 12:00 AM

La ley es para todos

Estuvo muy bien el alcalde Cárdenas en esta ocasión, al actuar no solo con firmeza, sino también con presteza, pues estos comportamientos deben ser castigados con sanciones claras y contundentes, para que la comunidad entienda cuál es el talante de la administración y cuál es el sentido del servicio público.
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En buena medida la ciudad se repuso de la profunda indignación que siguió al conocimiento que se tuvo de una fiesta de la que fueron parte funcionarios de la Alcaldía de Bucaramanga el pasado 26 de diciembre, una vez el alcalde Juan Carlos Cárdenas aceptó de inmediato sus cartas de renuncia, en reconocimiento del error cometido. Esta decisión del alcalde deja en claro su criterio, que los cargos en la alcaldía no les permite a sus funcionarios desconocer las estrictas medidas de confinamiento que desde esos días vivimos.

La ciudadanía se sintió ofendida al ver que estos funcionarios, según relato de testigos, no solo bailaron en compañía de varias personas sin observar las medidas de bioseguridad, sino que habrían violado flagrantemente el toque de queda, pues habrían estado en una discoteca de la ciudad hasta pasada la media noche, y consumiendo licor en ley seca, lo que demostró su inmadurez al no entender aún que los cargos públicos implican mayores responsabilidades y nunca privilegios o licencias para violar las normas legales.

Solo quienes no han tenido la formación moral, social y política adecuada para ocupar cargos públicos llegan a ellos a prevalerse de fueros absurdos para ponerse por encima de la ley, abusar del poder y arremeter no solo contra la prudencia y la decencia, sino contra quienes se opongan a sus deseos. Por otra parte, la juventud de los funcionarios no puede excusar su conducta, por el contrario, de estas nuevas generaciones es que se espera que luchen contra la corrupción y la indecencia rampante, en lugar de que a sus cortos años reproduzcan con aterradora precisión el modelo arrogante y ligero de sus antecesores.

Estuvo muy bien el alcalde Cárdenas en esta ocasión, al actuar no solo con firmeza, sino también con presteza, pues estos comportamientos deben ser castigados con sanciones claras y contundentes, para que la comunidad entienda cuál es el talante de la administración y cuál es el sentido del servicio público. Los funcionarios no pueden perder de vista que su origen es la democracia y su finalidad es la comunidad y entre uno y otro punto lo que se encuentra es el servicio, no la prepotencia, ni los privilegios, ni la irresponsabilidad. Esta lección le queda también al mismo Alcalde, quien tiene ahora la oportunidad de reemplazar a estos funcionarios por hombres o mujeres que, además de idoneidad, tengan también la humildad y la madurez necesarias para ocupar estas posiciones.

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