martes 24 de marzo de 2009 - 10:00 AM

La mayoría a los 16

Una vez más, como tantas otras en la historia vieja y reciente, hay personas y  más concretamente individuos dedicados a la política, con la idea de bajar la mayoría de edad a los 16 años, en lugar de los 18 que se exigen hoy en día.

Los argumentos para reducir en dos años el requisito no solo para poder votar, sino casarse, consumir alcohol, cigarrillos y en general, asumir oficialmente todas las obligaciones legales que pueda tener cualquier ciudadano, son según los interesados, que los jóvenes de hoy en día tienen más criterio y libertad para tomar decisiones, si se les compara con generaciones anteriores.

Sobre la propuesta, disfrazada como un voto de confianza para los menores de 18, lo primero que viene a la mente porque resulta obvio, es que se trata de una equivocación de proporciones monumentales.

En otras palabras, es simplemente un intento mal disfrazado de aumentarle colombianos al potencial electoral, para aprovecharse precisamente de la ingenuidad que caracteriza a quienes todavía no llegan a la edad adulta.  
        
Y sí, puede que en muchas materias los adolescentes de hoy sean más adelantados que sus predecesores, sobre todo en lo que tiene que ver con conocimientos de tecnología y facilidades para adaptarse a un mundo que se transforma a velocidades cada vez mayores. Sin embargo, tampoco se puede negar que hay conocimientos que sólo se adquieren a medida que se avanza en los grados educativos, así como razonamientos que únicamente llegan con la madurez. Madurez que no sobra decirlo, es muy difícil que posean quienes apenas llegan a los 16 años.

De hecho, no es necesario ser un psicólogo experto, para saber que los impulsos propios de la adolescencia son una impronta de la especie humana, razón por la cual adelantar la edad en la cual se adquieren legalmente más responsabilidades y derechos, es una irresponsabilidad de quienes lo están proponiendo. 
Incluso, no se pecaría de exceso si a los postulantes de la idea no solo se les considera irresponsables sino aprovechados, en vista de que, hay que insistir, su propuesta únicamente responde a intereses electorales.

En varias naciones más desarrolladas, los jóvenes no pueden manejar,  beber alcohol ni votar no solo a los 18, como sucede en Colombia, sino hasta los 21 años y ese requisito responde a muy serios estudios de la psiquis humana que deberían ser tenidos en cuenta acá antes de aprobar tamaño desatino. 

 

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