jueves 16 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

La migración es un realidad global que se debe enfrentar con humanidad

nuestra responsabilidad como sociedad es dar a estos migrantes el trato solidario que requieren, no solamente porque eso indica la ley y el sentido de humanidad, sino porque nunca debemos olvidar que hemos sido también un país de inmigrantes...
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Procesos de muy diversa índole, en países de varios continentes, han creado unas corrientes de migración, especialmente hacia Europa y Estados Unidos, de personas que salen a cruzar ilegalmente fronteras y a someterse a los riesgos de ser irregulares en otras naciones, con tal de encontrar las oportunidades que en sus Estados de origen no existen o les son negadas sistemáticamente. En lo que toca a Colombia, estos flujos de migrantes se dan desde sitios y regímenes tan diversos como Haití, Cuba, China o Venezuela, que desde hace años recorren el país, hacia Norte y Suramérica, creando situaciones críticas especialmente en las fronteras.

Estos grupos, grandes o pequeños, viven y viajan en condiciones tan peligrosas, que muchas veces terminan en la muerte de migrantes que no resisten el cansancio, las temperaturas extremas, la enfermedad o, incluso, los ataques de quienes no aceptan su presencia. En los últimos días hemos sabido del arribo de ciudadanos haitianos, desplazados de su patria por el último terremoto, a Necoclí, Antioquia, en número cercano a 14 mil, lo que representa un aumento del 20% en la población de ese municipio. Todo un desafío para el Estado, que tiene la obligación legal y humanitaria de suplir servicios básicos a esos migrantes, y una realidad completamente desconocida para el resto del país.

Y así como sucede con los damnificados haitianos, ocurre con los ciudadanos chinos, que son muchas veces abandonados en su paso por Colombia a los Estados Unidos, o los venezolanos que huyen de la inestabilidad política y económica que viven hace muchos años y ahora los naturales de Afganistán, que el gobierno Biden enviaría a nuestro país y que representan un reto particular, dadas las grandes diferencias culturales, religiosas, sociales e ideológicas que tenemos.

En cualquier caso, como país receptor, debemos entender que nuestra responsabilidad como sociedad es dar a estos migrantes el trato solidario que requieren y merecen, no solamente porque eso indica la ley y el sentido de humanidad que debe primar, sino porque nunca debemos olvidar que hemos sido también un país que ha producido migraciones copiosas a Venezuela, a Estados Unidos, a España, a Chile, a México, y siempre hemos reclamado cuando nuestros coterráneos son tratados con desconfianza, estigmatizaciones, repudio y crueldad.

Según datos de ONU-DAES, hasta 2020 el número de migrantes en el mundo era de más de 280 millones de personas, ese es el tamaño de la crisis humanitaria que vive el planeta por este fenómeno y ese es el tamaño de nuestra responsabilidad como sociedad y como seres humanos frente a estas personas.

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