miércoles 03 de agosto de 2022 - 12:00 AM

La minería ilegal sigue descontrolada

Solo manteniendo la misma actitud unida, firme y constructiva en defensa de nuestro futuro, es la forma en que podemos, como se ha logrado hasta ahora, asegurar un porvenir sano para las próximas generaciones

Progresivamente está creciendo el problema de la contaminación con mercurio del agua en los afluentes de los que se sirve el Acueducto Metropolitano de Bucaramanga, amb, hecho resultante de la minería artesanal e ilegal en Soto Norte, una situación que podría afectar la salud de cerca de un millón de personas que, con excepción de Piedecuesta, reciben el agua de esta empresa pública. Por ahora, y ante la evidencia de que el problema de base se mantiene, el amb decidió no seguir captando el líquido del río Suratá y abastecerse del río Tona, una medida que a las claras se entiende como temporal.

Entre tanto, la Procuraduría General de la Nación ha comenzado a dar pasos más determinantes en la situación y ha exigido que se establezca un ‘plan de choque’, por cuanto entiende que si no se toman correctivos definitivos en el corto plazo, lo que va a estar en juego es la salud pública.

Por ahora, los usuarios regulares del amb reciben en sus casas un agua perfectamente potable y sin riesgo para la salud de nadie, pero son también centenares de familias las que viven a lo largo del cauce de los ríos Suratá y Vetas que usan sus aguas para el consumo, el aseo personal, incluso para el riego de cultivos que luego se ponen en venta en los municipios del área metropolitana, lo que, en la práctica, finalmente nos pone a todos en la posibilidad de consumir el mercurio que ha contaminado estos afluentes.

Todas las comunidades del área metropolitana deben entender que el problema de la contaminación del agua y el de la protección del páramo de Santurbán, que están íntimamente ligados, no se ha resuelto; es imprescindible entender que los peligros de destrucción ambiental que encarnan tanto la minería artesanal, ilegal, como la gran minería, persisten y que solo manteniendo la misma actitud unida, firme y constructiva en defensa de nuestro futuro, es la forma en que podemos, como se ha logrado hasta ahora, asegurar un porvenir sano para las próximas generaciones.

En todo este preocupante contexto vale decir también que es necesario que, además de las autoridades, todos los sectores que de una u otra manera han reclamado y abanderado la protección del agua y del ecosistema de Santurbán, hoy se pronuncien y que, así como han alzado su voz contra los riesgos de intervenir el páramo o sus sectores aledaños, miren e intervengan con su veeduría social en este problema.

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